La conversación sobre las mujeres en el ecosistema financiero empieza a cambiar de eje. Ya no se trata solamente de cuántas participan, sino de cuánto influyen en las decisiones sobre productos, inversiones, tecnología y nuevos mercados.
Durante años, hablar de mujeres en Fintech significaba hablar de representación. Cuántas estaban en el sector, cuántas llegaban a posiciones directivas y cuántas fundaban sus propias compañías eran preguntas necesarias para medir el avance.
Pero el ecosistema está entrando en otra etapa.
La pregunta ahora es diferente: ¿qué decisiones están tomando las mujeres que ya ocupan posiciones de liderazgo y qué impacto tienen esas decisiones sobre el negocio?
Ese es el cambio de perspectiva que FINNOSUMMIT plantea para 2026 a través de DisruptHer, la iniciativa que nació en la edición anterior para impulsar la participación femenina en el ecosistema financiero y tecnológico.
En 2025, la iniciativa contribuyó a incrementar 68% la participación femenina en FINNOSUMMIT. Un año después, el foco se desplaza de la presencia a la influencia.
“Ya no queremos medir solamente cuántas mujeres hay en la sala, sino cuánto están transformando los negocios y la competitividad de las empresas”, explica Cristina Hontanilla, directora de Marketing y Comunicación de FINNOSUMMIT.
El cambio puede parecer semántico. En realidad, modifica la pregunta de fondo.
La cifra importa. El cargo, todavía más
Más de un tercio de las personas registradas para FINNOSUMMIT 2026 son mujeres. Pero el dato adquiere otra dimensión cuando se observa su posición dentro de las organizaciones.
El 25,1% son C-Level, fundadoras o socias. Otro 18,1% ocupa posiciones de directoras o vicepresidentas. A ellas se suma un 10,5% de Heads y líderes de área y un 14,6% de profesionales en posiciones de gerencia y management.
El resultado dibuja un escenario en el que una parte importante de las mujeres que participarán en el encuentro no llega únicamente como audiencia. Lo hace desde posiciones en las que interviene directamente en decisiones de estrategia, inversión, tecnología y desarrollo de producto.
Y ahí aparece la cuestión central.
Estar presente no significa necesariamente tener capacidad para transformar.
“Estar presente no necesariamente significa tener capacidad de transformar. La siguiente conversación tiene que ser sobre quién decide qué productos se desarrollan, dónde se invierte, qué tecnología se adopta y qué segmentos del mercado se consideran estratégicos”, señala Hontanilla.
La diferencia es importante porque desplaza el debate desde la representación hacia el poder de decisión.
Cuando cambia quién decide, también pueden cambiar las prioridades
El Finnovista Fintech Radar México 2026 aporta algunos datos que permiten observar esta relación desde la perspectiva del negocio.
Según la información compartida por FINNOSUMMIT, las organizaciones en las que más del 50% de los cargos directivos están ocupados por mujeres duplican la probabilidad de desarrollar soluciones digitales inclusivas y viables.
El dato no demuestra por sí mismo una relación causal. Pero sí apunta hacia una conexión relevante: la composición de los equipos que toman decisiones puede estar relacionada con los problemas que una organización identifica y con los mercados que considera prioritarios.
Los segmentos hacia los que se dirigen estas compañías ofrecen una pista.
El 28,9% desarrolla soluciones específicamente dirigidas a mujeres; el 23,3% trabaja con propuestas relacionadas con la Silver Economy y el 18,3% desarrolla soluciones vinculadas con la bancarización de migrantes.
Son mercados con necesidades financieras concretas que durante años no siempre ocuparon un lugar prioritario en las estrategias tradicionales del sector.
“Cuando incorporas perspectivas distintas a la toma de decisiones, también amplías la capacidad de detectar necesidades que antes podían pasar inadvertidas. Eso tiene una consecuencia directa sobre innovación, producto y crecimiento”, sostiene Hontanilla.
La cuestión, por tanto, no es solamente quién ocupa un espacio en una organización.
También importa qué problemas consigue ver una organización cuando incorpora perspectivas diferentes a los procesos de decisión.
La diversidad también puede cambiar el mapa de oportunidades
El fenómeno adquiere mayor relevancia a medida que las fintech amplían su alcance.
El sector ya no se limita a desarrollar servicios financieros alternativos. Sus productos llegan a emprendedores, trabajadores independientes, pequeños negocios, migrantes, adultos mayores y consumidores con necesidades financieras muy diferentes.
Eso obliga a ampliar las preguntas.
¿Quiénes están siendo considerados cuando se diseña un nuevo producto? ¿Qué necesidades quedan fuera? ¿Qué usuarios aparecen en los datos y cuáles permanecen invisibles? ¿Qué segmentos se consideran suficientemente atractivos como para recibir inversión?
Son preguntas que afectan directamente al diseño de producto y a la estrategia de crecimiento.
En ese contexto, la diversidad puede dejar de ser exclusivamente una cuestión de representación para convertirse también en una forma de ampliar la capacidad de una organización para detectar oportunidades.
La transformación tecnológica refuerza esa discusión.
Según Finnovista, 77% de las fintech mexicanas ya integra inteligencia artificial en sus operaciones y 27% se identifica como AI-First. La incorporación de IA está acelerando la automatización, la personalización de servicios y la capacidad de analizar grandes volúmenes de información.
Pero también aumenta la importancia de las decisiones que preceden a la tecnología: qué datos se utilizan, qué variables se consideran relevantes, qué usuarios se contemplan y qué criterios se incorporan a los sistemas automatizados.
La tecnología puede procesar millones de decisiones.
La cuestión sigue siendo quién define las reglas con las que esas decisiones se toman.
El liderazgo también tiene un costo
La evolución de DisruptHer introduce además una dimensión que suele quedar fuera de las métricas de representación: el costo personal del liderazgo.
Llegar a una posición directiva no elimina las presiones asociadas con ella. En muchos casos, las multiplica.
“Llegar a una posición de liderazgo no elimina las presiones asociadas con ella. Sostener una transformación digital, liderar equipos tecnológicos y tomar decisiones multimillonarias bajo presión constante tiene un costo humano que normalmente no aparece en los indicadores de negocio”, explica Hontanilla.
La cuestión resulta especialmente relevante en una industria caracterizada por la velocidad de innovación, la presión competitiva y la necesidad constante de adaptarse.
Por eso, DisruptHer incorporará este año espacios destinados a conversaciones que habitualmente quedan fuera de los escenarios públicos.
Uno de ellos será The Authentic Room, cocreado con Interledger Foundation. El encuentro se desarrollará a puerta cerrada y bajo una regla de “No-Tech Zone”, con el objetivo de facilitar una conversación abierta sobre carga mental, síndrome de la impostora, soledad del poder, inclusión y dinámicas corporativas.
La iniciativa también contempla un taller clínico con la Dra. Joanne Joloy centrado en regulación somática y herramientas para identificar y abordar procesos de burnout.
La propuesta introduce una idea que va más allá del debate sobre género: la sostenibilidad del liderazgo también depende de cuidar a las personas que ejercen ese liderazgo.
De medir representación a medir influencia
El siguiente desafío puede estar en las propias métricas.
Durante años, las organizaciones han medido cuántas mujeres forman parte de sus plantillas y qué porcentaje ocupa posiciones directivas. Son indicadores importantes, pero no necesariamente muestran cómo se distribuye la capacidad efectiva de decisión.
Una organización puede tener una representación femenina elevada y mantener concentradas las decisiones estratégicas en un grupo reducido.
Por eso, la conversación empieza a incorporar otras preguntas.
- ¿Cuántas mujeres participan en las decisiones de inversión?
- ¿Cuántas lideran áreas de producto?
- ¿Cuántas tienen responsabilidad sobre datos e inteligencia artificial?
- ¿Cuántas controlan presupuestos?
- ¿Cuántas intervienen en la definición de nuevos mercados?
Las respuestas permiten observar una dimensión diferente de la diversidad: la capacidad de convertir una perspectiva en una decisión.
Ese es precisamente el territorio hacia el que quiere avanzar DisruptHer en 2026.
La iniciativa nació poniendo el foco en aumentar la participación femenina. Ahora busca explorar qué sucede cuando esa participación se traduce en liderazgo, influencia y capacidad para transformar.
El verdadero impacto se verá en lo que se construya
La prueba definitiva de este cambio no estará en las cifras de asistencia ni en el número de mujeres que ocupan cargos directivos.
Estará en los productos que se desarrollen, los mercados que se abran y los problemas que las empresas decidan convertir en oportunidades.
Porque la diversidad también puede modificar las preguntas que una organización se hace antes de invertir.
Y esas preguntas terminan influyendo en las decisiones.
Primero fue necesario conseguir representación.
Después, aumentar la presencia en posiciones de liderazgo.
Ahora comienza una etapa más exigente: demostrar cuánto puede cambiar el negocio cuando esas posiciones también tienen capacidad para decidir.
La pregunta ya no es solamente cuántas mujeres están en la mesa.
Es qué cambia en el negocio cuando también participan en las decisiones que definen el futuro de la industria.







