El CIO amplía su agenda: alinear tecnología y negocio, gestionar la velocidad de innovación y preparar infraestructura, talento y riesgos para la expansión de la IA.
No hay quien lo dude. El rol del CIO cabalga una evolución a todo galope que lo llevará más allá de sus fronteras habituales en la organización. La tecnología ya no puede analizarse de manera aislada de las prioridades empresariales: alineación con el negocio, velocidad de innovación, retorno de las inversiones, talento, ciberseguridad y soberanía digital forman parte de una agenda cada vez más compleja.
El informe CIO Outlook 2026 de Experis muestra precisamente ese cambio. El 48 % de los líderes de TI considera que alinear la estrategia tecnológica con los objetivos del negocio es la principal responsabilidad del CIO, frente al 34 % registrado en 2025. Al mismo tiempo, el 44 % identifica la velocidad de la innovación tecnológica como su principal desafío.
La inteligencia artificial atraviesa buena parte de estas prioridades, pero no las explica por sí sola. Para los responsables de tecnología, el reto consiste en gestionar simultáneamente las oportunidades que abre la IA, las capacidades necesarias para desarrollarlas y las condiciones de infraestructura que permiten llevarlas a escala.
Alinear TI con el negocio
El cambio más significativo identificado por Experis está en la relación entre tecnología y negocio. Por primera vez, la alineación entre ambas áreas supera a la ciberseguridad como principal prioridad de los CIO.
El 48 % de los líderes de TI considera que conectar la estrategia tecnológica con los objetivos empresariales es la tarea más importante de su función, doce puntos porcentuales más que en 2025.
El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa junto a otra cifra del estudio: el 61 % de los líderes tecnológicos afirma que otros ejecutivos todavía no comprenden plenamente el rol y las responsabilidades del CIO. En 2025, ese porcentaje era del 49 %.
La evolución plantea una situación significativa. Mientras la función tecnológica gana peso en decisiones relacionadas con el negocio, persiste una brecha en la comprensión de lo que implica dirigirla.
El CIO tiene que traducir tecnología en resultados, pero también explicar al resto de la organización las implicaciones de las decisiones tecnológicas.
La velocidad de innovación entra en la agenda
La segunda gran prioridad tiene que ver con el ritmo del cambio.
El 44 % de los líderes tecnológicos identifica la velocidad de la innovación como su principal desafío, frente al 34 % de 2025. La presión no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en evaluar cuáles pueden integrarse realmente en la organización y con qué implicaciones operativas.
La IA intensifica esta situación. Según Experis, seis de cada diez líderes tecnológicos ya están implementando soluciones basadas en inteligencia artificial en sus sistemas actuales.
El estudio también señala que el 41 % considera la nube y la infraestructura digital escalable como uno de los principales impulsores de retorno, mientras que el 34 % identifica la automatización y las soluciones basadas en IA como las iniciativas que generan mayor ROI en producción.
La cuestión, por tanto, no es solamente acelerar la innovación. Es hacerlo sobre una arquitectura capaz de soportarla.
La IA aumenta el escrutinio sobre las inversiones
Los datos de Experis muestran que las inversiones en inteligencia artificial ya están generando resultados para una parte importante de las organizaciones. El 54 % de los líderes tecnológicos afirma obtener un ROI positivo de sus inversiones en IA.
Pero el mismo estudio introduce un contrapunto: el 31 % considera que su organización está invirtiendo demasiado en inteligencia artificial.
Ambos datos conviven y ayudan a explicar la nueva presión sobre el CIO. La existencia de retornos positivos no elimina la necesidad de determinar dónde tiene sentido invertir, qué iniciativas pueden escalar y cuáles no justifican los recursos destinados.
De hecho, solo el 17 % de los líderes tecnológicos identifica la entrega de soluciones de IA como una responsabilidad principal del CIO.
Esto sugiere que la función del CIO no puede reducirse a desplegar inteligencia artificial. Su responsabilidad abarca un espacio mayor: conectar las inversiones tecnológicas con las prioridades de la organización, gestionar los recursos necesarios y establecer las condiciones para que esas inversiones puedan generar resultados.
La infraestructura vuelve a ocupar un lugar estratégico
Ese último punto conecta directamente con una de las consecuencias más relevantes de la expansión de la IA: la presión sobre la infraestructura.
Un análisis publicado recientemente por The Standard CIO a partir del Global Data Insights Survey 2026 de Digital Realty muestra que la falta de infraestructura especializada pasó de ser señalada como una de las principales barreras para las iniciativas de IA por el 9 % de los responsables de TI en 2024 al 40 % en 2026.
La cifra ayuda a contextualizar los desafíos descritos por Vertiv e IDC. La expansión de las cargas de IA está aumentando la densidad de los entornos de cómputo y ejerciendo presión sobre la energía, la refrigeración y el diseño de los centros de datos.
Las plataformas aceleradas por GPU pueden reducir la cantidad de servidores físicos necesarios para determinadas cargas de trabajo, pero las aplicaciones de IA también demandan una capacidad de procesamiento considerablemente superior a la de muchas aplicaciones tradicionales.
El resultado es una nueva ecuación de infraestructura: menos servidores para determinadas tareas no significa necesariamente menos demanda energética por unidad de capacidad.
Las proyecciones recogidas por IDC y Vertiv apuntan a densidades que podrían alcanzar 1 MW hacia finales de la década. En paralelo, ya existen centros de datos con alrededor de 100.000 GPUs, lo que obliga a replantear la capacidad de suministro eléctrico y la disipación del calor.
Retrofit o nueva construcción
Para las organizaciones que necesitan adaptar su infraestructura a estas nuevas cargas existen dos caminos principales.
El primero es la modernización o retrofit de instalaciones existentes. Esta estrategia permite incorporar plataformas aceleradas por GPU y actualizar los sistemas de energía y refrigeración para soportar cargas mixtas.
El segundo es la nueva construcción o new build, con instalaciones diseñadas desde el principio para las demandas de alta densidad de la IA.
En este segundo escenario adquieren relevancia tecnologías como la refrigeración líquida y diferentes alternativas para el suministro energético, incluidas celdas de combustible y baterías de nueva generación.
La elección entre ambas estrategias dependerá de las características de cada organización, pero el principio es común: la infraestructura debe poder crecer de acuerdo con las necesidades de cómputo sin convertirse en un cuello de botella.
Como señala el análisis de IDC y Vertiv, los centros de datos tradicionales no tienen por qué quedar obsoletos ante las nuevas cargas. Las estrategias de actualización pueden permitir que determinadas instalaciones soporten entornos de alta densidad y cargas mixtas, siempre que se intervenga sobre elementos críticos como la infraestructura energética.
Talento: la otra condición para ejecutar la estrategia
La transformación tecnológica tampoco puede separarse de las capacidades disponibles dentro de la organización.
Según Experis, la ciberseguridad continúa siendo la habilidad más demandada por los líderes tecnológicos, con un 46 %, seguida de inteligencia artificial y machine learning, con un 37 %, y cloud computing, con un 31 %.
La velocidad con la que evolucionan estas competencias está dificultando tanto la contratación como la retención de profesionales. Por eso, el desarrollo de capacidades internas adquiere una importancia similar a la incorporación de talento externo.
El estudio apunta además a una combinación particularmente interesante: mientras el 81 % de los líderes de TI considera la soberanía digital una prioridad alta, el 67 % prevé incrementar su dependencia de servicios offshore o nearshore durante 2026.
La gestión del talento, por tanto, también forma parte de la ecuación estratégica del CIO. No se trata únicamente de disponer de especialistas, sino de decidir qué capacidades deben permanecer dentro de la organización y cuáles pueden apoyarse en proveedores externos.
Ciberseguridad y soberanía siguen en la agenda
La mayor atención al negocio y a la innovación no ha desplazado los riesgos tecnológicos.
La ciberseguridad continúa entre las principales prioridades de inversión, mientras que la soberanía digital gana relevancia. Sin embargo, Experis identifica una brecha que merece atención: solo el 72 % de los líderes de TI considera que su estrategia de riesgos está alineada con su nivel de preparación en ciberseguridad, frente al 77 % registrado en 2025.
El dato sugiere que acelerar la adopción tecnológica no elimina las responsabilidades tradicionales del CIO. Por el contrario, las hace más complejas.
A medida que aumentan las dependencias tecnológicas, los datos, las infraestructuras críticas, los proveedores externos y las aplicaciones basadas en IA pasan a formar parte de un mismo mapa de riesgo.
Un CIO con una agenda más amplia
Los resultados de Experis muestran una función tecnológica que está ampliando su campo de actuación.
El CIO debe conectar tecnología y negocio, gestionar la velocidad de la innovación, justificar las inversiones, preparar la infraestructura, desarrollar capacidades, gestionar riesgos y responder a cuestiones relacionadas con la soberanía digital.
La inteligencia artificial atraviesa buena parte de esta agenda, pero no la sustituye.
Su impacto se aprecia precisamente en cómo obliga a reconsiderar cada una de estas dimensiones: cuánto invertir, qué infraestructura construir o modernizar, qué capacidades desarrollar, qué riesgos asumir y cómo integrar la tecnología dentro de los objetivos empresariales.
La nueva prioridad del CIO, en definitiva, no consiste simplemente en adoptar más tecnología. Consiste en hacer que tecnología, infraestructura, talento y negocio avancen en la misma dirección.








