Aunque la salud laboral mejora ocho puntos respecto a 2025, el 67% de los trabajadores considera demasiado arriesgado cambiar de empleo. HP advierte que la confianza, las herramientas digitales y el desarrollo profesional serán determinantes para afrontar la incertidumbre.
Las empresas están invirtiendo en inteligencia artificial para transformar sus operaciones, pero hay una pregunta que no se resuelve con licencias de software ni con nuevos dispositivos: ¿están mejorando las condiciones en las que trabajan las personas? La cuarta edición del Índice de Relaciones Laborales de HP apunta a una paradoja que merece atención. El bienestar laboral comienza a recuperarse, pero la incertidumbre sigue condicionando las decisiones de los empleados y la tecnología gana peso como factor de diferenciación para atraer y retener talento.
El 29% de los trabajadores de oficina encuestados afirma mantener una relación saludable con su trabajo, ocho puntos porcentuales más que en 2025. Sin embargo, el 86% experimentó cambios organizacionales durante el último año y el 67% considera demasiado arriesgado dejar su empleo. La mejora, por tanto, no equivale a una recuperación consolidada: dos tercios de los participantes continúan en una zona de atención o crítica respecto a su relación laboral.
El estudio global, realizado entre 19.506 personas de 15 países, dibuja un entorno en el que la capacidad de adaptación se ha vuelto esencial. Para las empresas, la cuestión ya no es solamente cómo gestionar el cambio, sino cómo evitar que la transformación permanente desgaste a los equipos que deben ejecutarla.
La mala tecnología también tiene un coste humano
La digitalización suele evaluarse mediante indicadores de productividad, eficiencia o retorno de inversión. HP introduce otra variable: la experiencia cotidiana de los trabajadores con la tecnología. El 70% de los líderes empresariales consultados considera que esa experiencia es un factor diferenciador, mientras que cerca de dos tercios la relacionan con dificultades para retener al mejor talento.
La señal es relevante en un momento en que las organizaciones incorporan herramientas de inteligencia artificial y rediseñan procesos. Una estrategia digital puede prometer automatización y agilidad, pero perder parte de su valor si los empleados tienen que lidiar con dispositivos poco fiables, aplicaciones desconectadas o sistemas que complican tareas que deberían simplificar.
Los datos de adopción muestran que el cambio ya está en marcha: el 47% de los trabajadores utiliza agentes de IA en sus actividades laborales. Además, el 69% percibe la tecnología como una fuente de cambio positivo y el 60% afirma que la IA ha tenido un impacto favorable en su vida. Estas cifras reflejan una actitud receptiva, aunque no demuestran que la adopción tecnológica produzca automáticamente bienestar o mejores resultados.
La diferencia estará en cómo se implementa. Los trabajadores valoran dispositivos más rápidos, herramientas que faciliten el aprendizaje, aplicaciones integradas, sistemas compartidos de conocimiento y soluciones de IA adaptadas a sus funciones. No reclaman únicamente más tecnología, sino menos fricción para hacer su trabajo.
El CIO también interviene en la retención
El índice sitúa la confianza en el liderazgo como el principal factor asociado a una relación saludable con el trabajo, con un peso del 32%. La habilitación tecnológica ocupa el segundo lugar, con el 20%, seguida del desarrollo de la fuerza laboral, con el 19%. La preparación personal para el futuro y la confianza en la IA completan la lista, con un 16% y un 12%, respectivamente.
Esta jerarquía importa porque impide reducir el problema a una carrera por desplegar herramientas de inteligencia artificial. La confianza no se compra con tecnología y el bienestar no se resuelve desde el departamento de TI. Sin embargo, los sistemas que una organización pone a disposición de sus equipos sí forman parte de las condiciones con las que estos afrontan sus responsabilidades.
Para los CIO, la implicación es concreta: la experiencia digital del empleado debe formar parte de la estrategia empresarial, en coordinación con Recursos Humanos y la dirección. Eso significa evaluar las herramientas por su utilidad real, asegurar que funcionen de manera integrada y acompañar su adopción con formación. El objetivo no debería ser solo introducir IA, sino conseguir que las personas puedan utilizarla con criterio y confianza.
Formar para cambiar, no solo para adoptar IA
El desarrollo profesional completa esta ecuación. El 73% de los trabajadores de oficina afirma que tendría más probabilidades de permanecer en una empresa que invierte activamente en su crecimiento. En paralelo, HP señala que los empleados que perciben un buen desempeño empresarial tienen seis veces más probabilidades de mantener una relación saludable con su trabajo que quienes trabajan en organizaciones con resultados deficientes.
Los resultados sugieren que la experiencia laboral no puede separarse de la capacidad de una empresa para ofrecer perspectivas de futuro. La formación, las oportunidades de aprendizaje y las herramientas adecuadas ayudan a preparar a los equipos para nuevas funciones, pero también deben estar acompañadas de liderazgo y de una dirección comprensible para quienes viven la transformación desde dentro.
La conclusión va más allá de la adopción tecnológica. En plena expansión de la IA, las empresas no solo compiten por acceder a mejores herramientas: compiten por crear entornos donde las personas puedan trabajar, aprender y adaptarse sin quedar permanentemente a la defensiva. Y, en esa batalla, la tecnología que se entrega al empleado empieza a importar tanto como la tecnología que la organización utiliza para competir.







