Los pagos instantáneos, las stablecoins, la gestión patrimonial y el crédito empresarial están obligando a los bancos de la región a replantear una infraestructura diseñada para otra etapa del mercado.
La banca latinoamericana está entrando en una nueva fase de transformación. El desafío ya no consiste únicamente en digitalizar canales o mejorar las aplicaciones móviles, sino en modernizar la infraestructura que permite crear nuevos productos, integrar servicios y responder con mayor velocidad al mercado.
Esa fue una de las principales conclusiones del Temenos Regional Forum Americas 2026, celebrado en Orlando con más de 300 representantes del sector financiero. Las conversaciones identificaron cinco fuerzas que están modificando la competencia bancaria: pagos instantáneos, nuevos rieles como las stablecoins, gestión patrimonial, financiación empresarial y arquitecturas bancarias más flexibles.
Los pagos pasan a funcionar en tiempo real
Los pagos inmediatos ya representan cerca del 45% de los pagos digitales minoristas de Latinoamérica y podrían alcanzar el 60% en 2030, según el estudio de Temenos y PCMI citado durante el encuentro.
El cambio no es solamente transaccional. Cuando el dinero circula en segundos y los servicios funcionan permanentemente, los bancos necesitan operar con arquitecturas capaces de gestionar múltiples rieles sin multiplicar la complejidad.
A esto se suma la fragmentación provocada por nuevos mecanismos como las stablecoins. El desafío consiste en integrar estas alternativas con las infraestructuras existentes sin perder eficiencia ni control operativo.
Del banco digital al banco componetizado
La transformación también alcanza productos tradicionalmente más especializados. En gestión patrimonial, Temenos apunta hacia modelos capaces de atender nuevos segmentos mediante experiencias digitales y asesoradas, apoyadas por datos y orquestación con IA.
En financiación empresarial ocurre algo similar. La integración de capacidades de leasing y lending apunta a superar la separación tradicional entre productos y procesos para ofrecer soluciones más flexibles.
El denominador común es la arquitectura. Los bancos necesitan poder incorporar capacidades sin reconstruir toda su operación cada vez que aparece un nuevo producto, canal o segmento.
La infraestructura se convierte en ventaja competitiva
Para Rodrigo Silva, presidente de Temenos para Latinoamérica, la competitividad dependerá cada vez más de la capacidad de las instituciones para adaptar su infraestructura.
“La transformación de la banca en Latinoamérica está pasando de una etapa centrada en modernizar los canales y todas las plataformas para crear una mejor experiencia al cliente a otra en la que es necesario reemplazar la tecnología del core bancario o back office para realmente poder crear nuevas líneas de negocios, responder con mayor velocidad y operar con más flexibilidad. Los temas que abordamos en nuestro TRF 2026 muestran que la competitividad dependerá cada vez más de qué tan preparada esté la infraestructura de las instituciones para adaptarse a este nuevo entorno”, afirmó Rodrigo Silva, Presidente de Temenos para Latinoamérica.
La cuestión, por tanto, no es únicamente qué tecnologías adopta cada banco, sino qué tan rápido puede convertirlas en nuevos servicios, experiencias y modelos de negocio. En una región donde los mercados avanzan a velocidades diferentes, esa flexibilidad puede convertirse en una condición para competir.







