Actualizar el celular y borrar aplicaciones ya forman parte de la rutina digital, pero revisar qué información pueden consultar esas aplicaciones sigue siendo una práctica minoritaria.
Hay una paradoja en la forma en que cuidamos nuestros dispositivos. Actualizamos el sistema operativo, borramos aplicaciones que ya no usamos, liberamos espacio y eliminamos fotografías. Sin embargo, cuando se trata de revisar quién puede acceder a nuestra información y con qué permisos garantizamos la privacidad, la disciplina desaparece.
Un estudio de Kaspersky realizado en 2026 revela precisamente esa brecha: ocho de cada diez usuarios no revisan los permisos ni las configuraciones de privacidad de las aplicaciones instaladas en sus celulares.
La diferencia resulta significativa. Mientras 77% mantiene actualizado su smartphone y 73% elimina aplicaciones que ya no utiliza, apenas 20% revisa los permisos y las configuraciones de privacidad de sus apps.
El problema, por tanto, no parece ser la falta de hábitos de mantenimiento, sino que la higiene digital todavía se entiende más como una cuestión de orden que de seguridad.
Limpiar el celular no es lo mismo que proteger los datos
La investigación, realizada por el Centro de Investigación de Mercado de Kaspersky con 7.200 personas de 18 países, muestra que los usuarios realizan más acciones de mantenimiento en sus smartphones que en sus computadores.
El 72% revisa o elimina regularmente fotografías y videos del teléfono, frente al 49% que realiza esta práctica en computadores. También existe una diferencia importante en la eliminación de software: 73% borra aplicaciones que utiliza poco en el smartphone, mientras solo 47% elimina programas que ya no usa en su computador.
Parte de esta conducta puede explicarse por una cuestión práctica. Los teléfonos tienen capacidades de almacenamiento más limitadas y forman parte de la vida cotidiana de manera mucho más intensa. Para el 58% de los encuestados, el smartphone es ya el principal dispositivo utilizado para conectarse a Internet.
Pero mantener el dispositivo ordenado no necesariamente significa mantenerlo protegido.
El verdadero punto ciego está en los permisos
Una aplicación puede desaparecer del teléfono cuando deja de ser útil, pero mientras permanece instalada puede tener acceso a diferentes recursos del dispositivo dependiendo de los permisos concedidos por el usuario.
Ahí aparece el punto ciego que identifica el estudio. La gestión de permisos exige una decisión consciente y periódica, mientras que actualizar o eliminar una aplicación suele responder a una necesidad mucho más visible.
Esta diferencia importa porque los smartphones concentran cada vez más información personal y financiera: fotografías, conversaciones, documentos, credenciales y datos relacionados con servicios bancarios.
Fabiano Tricarico, Director de Productos para el Consumidor para Américas en Kaspersky, advierte que descuidar prácticas como la gestión de la privacidad, las copias de seguridad o la eliminación de cuentas que ya no se utilizan puede dejar información expuesta.
La higiene digital, por tanto, debería incluir una revisión mucho más amplia que la simple limpieza del almacenamiento.
El computador tampoco debería quedar fuera
El estudio también muestra que algunos hábitos están más desarrollados entre los usuarios de computadores. El 57% organiza archivos y correos electrónicos utilizando carpetas o nombres que facilitan su identificación, frente al 46% de los usuarios de smartphones.
Además, 53% mantiene actualizado el sistema operativo y los programas de su PC, mientras 47% elimina software que ya no utiliza.
Estas diferencias reflejan que cada dispositivo cumple funciones distintas. El computador continúa teniendo un peso importante en el trabajo y en la gestión de archivos, especialmente entre los usuarios mayores de 61 años: para el 58% de este grupo sigue siendo el principal dispositivo para acceder a Internet.
Pero la frontera entre ambos mundos es cada vez menos relevante desde el punto de vista de la seguridad. Los datos personales viajan entre dispositivos, servicios y aplicaciones, y una mala práctica en cualquiera de ellos puede ampliar la superficie de exposición.
La higiene digital necesita convertirse en rutina
El hallazgo más interesante del estudio no está necesariamente en que los usuarios desconozcan los riesgos, sino en que la seguridad todavía no forma parte de sus rutinas de mantenimiento con la misma naturalidad que liberar espacio o instalar una actualización.
Una revisión mensual o trimestral de permisos, cuentas antiguas, métodos de pago almacenados, aplicaciones instaladas y copias de seguridad podría convertirse en una especie de mantenimiento preventivo de la vida digital.
Para las empresas y sus líderes de tecnología, la lección también resulta relevante. La seguridad de los dispositivos personales y corporativos no depende únicamente de las herramientas desplegadas por TI. También está condicionada por decisiones cotidianas de los usuarios.
La higiene digital necesita dejar de ser una recomendación ocasional y convertirse en un comportamiento repetible. Porque actualizar el dispositivo puede mantenerlo funcionando; saber quién puede acceder a sus datos es lo que ayuda a mantenerlo bajo control.







