El caso de Venezuela demuestra que la resiliencia digital también depende de cables submarinos, rutas internacionales y redundancia física.
La resiliencia digital ha dejado de ser un concepto asociado exclusivamente a la ciberseguridad, la disponibilidad de los centros de datos o la recuperación de aplicaciones críticas. El terremoto de magnitud 7,5 que sacudió Venezuela el pasado 24 de junio ha dejado un registro víctimas humanas y pérdidas materiales que han conmovido al mundo entero. Y como parte del impacto en las infraestructuras, una lección que trasciende el ámbito de las telecomunicaciones: la continuidad del negocio también depende de una infraestructura física casi invisible, tendida a cientos de metros bajo el océano.
Y es que los movimientos sísmicos provocaron la rotura de un tramo del sistema internacional de cable submarino operado por Cirion Technologies, una de las principales redes de infraestructura digital de América Latina.
La avería afectó una de las rutas de salida del tráfico internacional de datos en el país y redujo aproximadamente un 50 % de la capacidad internacional de Internet, generando congestión, mayor latencia e interrupciones en servicios que dependen de plataformas alojadas fuera de Venezuela, desde aplicaciones empresariales hasta servicios financieros y herramientas de inteligencia artificial.
La situación evidenció hasta qué punto la economía digital depende de una infraestructura que permanece fuera del radar de la mayoría de las organizaciones.
La respuesta de Cirion comenzó prácticamente desde el momento en que se confirmó la contingencia. Mientras estabilizaba la red y redistribuía el tráfico hacia rutas alternativas para mitigar el impacto, la compañía puso en marcha una compleja operación logística y técnica para movilizar el Wave Sentinel, uno de los buques especializados en reparación de cables submarinos.
El Wave Sentinel atracó en el puerto de Guaranao con un equipo de ingenieros, un vehículo submarino operado remotamente (ROV) y el material necesario para intervenir el cable. Una vez en el punto de la avería, el robot descendió hasta el lecho marino, localizó ambos extremos de la fibra óptica y comenzó las pruebas de integridad para determinar el alcance de los daños antes de iniciar el empalme definitivo.
Cirion decidió comunicar cada fase del proceso únicamente cuando existía confirmación técnica de los avances, una estrategia poco habitual en incidentes de este tipo y orientada a ofrecer visibilidad sobre una infraestructura que normalmente permanece invisible para empresas y ciudadanos.
Más allá de la complejidad de la reparación, el episodio deja una enseñanza de mayor alcance.
No fue un ataque informático, ni la caída de un proveedor cloud, ni un fallo del centro de datos. Fue la interrupción de una infraestructura física situada bajo el mar la que condicionó el funcionamiento de servicios críticos para empresas, administraciones públicas y millones de usuarios.
La resiliencia digital ya no termina en el centro de datos
Durante años, las estrategias de continuidad del negocio se han apoyado sobre cuatro grandes pilares: disponibilidad de infraestructura, respaldo de la información, recuperación ante desastres y ciberseguridad.
La transformación digital ha obligado a incorporar un quinto elemento: la resiliencia digital de la infraestructura de conectividad.
La mayoría de las empresas latinoamericanas opera sobre aplicaciones SaaS, plataformas cloud, servicios financieros digitales y herramientas colaborativas distribuidas globalmente. Cuando una parte significativa de la conectividad internacional se interrumpe, el impacto se traslada rápidamente a la operación cotidiana.
Microsoft 365, Google Workspace, Salesforce, SAP Cloud, AWS, Azure, plataformas de videoconferencia o servicios de inteligencia artificial pueden experimentar degradaciones importantes aun cuando los centros de datos continúen funcionando correctamente.
El caso venezolano demuestra que proteger servidores o aplicaciones ya no resulta suficiente. La infraestructura internacional también forma parte del plan de continuidad.
Resiliencia digital: el riesgo que muchos CIO aún no evalúan
Este incidente ha puesto de manifiesto una debilidad frecuente en muchas estrategias de gestión del riesgo. Las organizaciones suelen contratar dos o más proveedores de telecomunicaciones creyendo que así garantizan redundancia. No siempre es así.
En numerosos países latinoamericanos, distintos operadores comparten estaciones de amarre, rutas terrestres e incluso el mismo sistema internacional de cables submarinos. La redundancia comercial puede esconder una dependencia física común.
Precisamente por ello, el informe International Advisory Body on Submarine Cable Resilience, impulsado por la International Telecommunication Union (ITU) y el International Cable Protection Committee (ICPC), recomienda fortalecer la diversidad geográfica de las rutas internacionales, incrementar el número de estaciones de amarre y reducir la concentración de puntos únicos de fallo (Single Point of Failure o SPOF).
El documento considera que los cables submarinos deben ser tratados como infraestructura crítica nacional, al mismo nivel que las redes eléctricas, los puertos o los sistemas de transporte.
La recomendación responde a un dato contundente: más del 99 % del tráfico internacional de Internet viaja por cables submarinos, no por enlaces satelitales.
La inteligencia artificial también depende de los cables submarinos
El auge de la inteligencia artificial ha situado el foco sobre las GPU, los centros de datos y la disponibilidad energética. Sin embargo, existe un componente igualmente decisivo. La conectividad internacional.
Los grandes modelos de inteligencia artificial procesan información distribuida entre múltiples regiones cloud y requieren intercambiar enormes volúmenes de datos con baja latencia. Sin una infraestructura internacional robusta, ese modelo pierde eficiencia.
Cirion Technologies resume esta dependencia con una idea contundente: “sin cables submarinos, América Latina no puede desarrollar plenamente su economía digital ni convertirse en un destino competitivo para nuevas inversiones en inteligencia artificial”. La compañía recuerda que tecnologías como ChatGPT, los servicios bancarios digitales o las historias clínicas alojadas en la nube dependen directamente de esta infraestructura.
La carrera por atraer nuevos centros de datos ya no depende únicamente del costo de la energía o de los incentivos fiscales. También exige disponer de redes internacionales resilientes.
Mientras estabilizaba la red y redistribuía el tráfico hacia rutas alternativas para mitigar el impacto, Cirion Technologies puso en marcha una compleja operación logística y técnica para movilizar el Wave Sentinel, uno de los buques especializados en reparación de cables submarinos.
Satélites: respaldo, no sustitución
Durante la emergencia venezolana también han cobrado protagonismo las soluciones de conectividad satelital. Constelaciones de órbita baja como Starlink, OneWeb o el futuro Proyecto Kuiper representan una herramienta valiosa para restablecer comunicaciones básicas cuando un desastre natural inutiliza parte de la infraestructura terrestre.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que su función principal es complementar la red de fibra óptica submarina, no sustituirla.
La enorme capacidad de transmisión y la baja latencia continúan convirtiendo a los cables submarinos en el soporte esencial de la economía digital global. La resiliencia digital dependerá cada vez más de combinar ambas tecnologías dentro de una estrategia de redundancia.
Un nuevo mapa de riesgos
El impacto del terremoto de Venezuela sobre las infraestructuras internacionales de tráfico de datos, amplía la conciencia sobre catálogo tradicional de riesgos tecnológicos.
A las amenazas habituales —ransomware, indisponibilidad del centro de datos, fallos eléctricos o errores humanos— se suma ahora un componente geoestratégico: la vulnerabilidad de la infraestructura internacional de conectividad.
- Esta realidad obliga a formular nuevas preguntas dentro de los planes de continuidad del negocio:
- ¿Cuántas rutas internacionales utiliza realmente mi proveedor?
- ¿Los enlaces redundantes comparten el mismo cable submarino?
- ¿Qué aplicaciones críticas dependen exclusivamente de la conectividad internacional?
- ¿Existe un mecanismo alternativo que permita mantener operativos los servicios esenciales durante una interrupción prolongada?
- ¿Se ha evaluado la resiliencia física de la infraestructura que soporta los servicios cloud de la organización?
Responder estas cuestiones ya no corresponde únicamente a los operadores de telecomunicaciones. Forma parte de la responsabilidad estratégica de los CIO.
Una nueva frontera para la resiliencia digital
Durante décadas, la continuidad del negocio terminaba en el centro de datos. Después, la transformación digital desplazó parte de esa responsabilidad hacia la nube. La inteligencia artificial vuelve a mover esa frontera.
La resiliencia digital comienza mucho antes de que un usuario abra una aplicación. Empieza en miles de kilómetros de fibra óptica tendidos sobre el fondo del océano, en estaciones de amarre, rutas internacionales y redes troncales que sostienen el funcionamiento de la economía digital.
El caso venezolano demuestra que un desastre natural puede alterar mucho más que las telecomunicaciones de un país. También puede afectar la productividad empresarial, los servicios financieros, las plataformas cloud y la capacidad operativa de miles de organizaciones.
La próxima revisión de los planes de continuidad del negocio probablemente ya no empiece en el centro de datos.
Empezará bajo el mar.


Mientras estabilizaba la red y redistribuía el tráfico hacia rutas alternativas para mitigar el impacto, Cirion Technologies puso en marcha una 




