Latinoamérica aumentó un 41,3% su capacidad instalada de centros de datos en el primer trimestre de 2026, mientras las cargas de IA llevan la infraestructura eléctrica y térmica hacia una nueva generación de densidad.
La inteligencia artificial está provocando una transformación que va mucho más allá de los modelos y las aplicaciones. También está cambiando el lugar físico donde ocurre el procesamiento. Durante el primer trimestre de 2026, la capacidad instalada de centros de datos en Latinoamérica creció un 41,3% interanual, por encima del 33% registrado en Norteamérica. El dato muestra hasta qué punto la región está entrando en una etapa de expansión acelerada de su infraestructura digital.
El crecimiento coincide con una demanda cada vez mayor de capacidad de procesamiento asociada a la IA generativa. Las nuevas cargas de trabajo están introduciendo exigencias que los diseños tradicionales de centros de datos no siempre pueden absorber, especialmente cuando aumenta la concentración de GPUs y, con ella, la densidad energética y térmica de los racks.
La densidad se convierte en el nuevo desafío
Los centros de datos convencionales suelen trabajar con densidades de entre 5 y 15 kW por rack, mientras que los nuevos clústeres acelerados por GPU pueden superar los 100 kW y alcanzar varios cientos de kW en configuraciones de alta densidad.
El problema no es únicamente cuánta energía necesitan estos sistemas. Cada kilovatio consumido termina convirtiéndose también en calor que debe ser extraído de manera eficiente. De ahí que la expansión de la IA esté convirtiendo la gestión térmica en una cuestión estratégica de diseño.
Luis Santamaría, CS&P Segment Leader para SAM en Schneider Electric, resume el cambio de escala que está experimentando la región: “La irrupción masiva de la IA está llevando la densidad por rack a niveles que obligan a replantear el diseño físico de las salas, la distribución eléctrica y la gestión térmica.”
La consecuencia es relevante para los operadores y para los responsables de infraestructura: construir capacidad adicional ya no consiste simplemente en añadir servidores. Hay que garantizar simultáneamente potencia eléctrica, capacidad térmica, espacio, conectividad y resiliencia.
El liquid cooling deja de ser una tecnología de nicho
Durante años, la refrigeración por aire fue suficiente para buena parte de las cargas empresariales. La nueva generación de infraestructura está obligando a combinar tecnologías.
La refrigeración líquida permite extraer el calor directamente desde componentes de alta demanda térmica mediante arquitecturas como Direct-to-Chip, mientras el aire continúa gestionando las cargas convencionales y la climatización general.
El escenario apunta, por tanto, hacia un modelo híbrido. Paula Pinto, Business Development Manager Cooling SAM en Schneider Electric, lo plantea de forma directa: “El liquid cooling dejó de ser una alternativa de nicho para convertirse en una tecnología cada vez más necesaria frente al crecimiento acelerado de la IA.”
La clave está precisamente en la complementariedad. Los sistemas líquidos pueden concentrarse allí donde se produce la mayor carga térmica, mientras la refrigeración por aire continúa atendiendo el resto de la instalación.
Cinco tecnologías están redefiniendo el data center
La transformación no se limita a la refrigeración. El nuevo modelo de infraestructura combina varias capas tecnológicas que empiezan a funcionar como un sistema integrado.
Refrigeración líquida, para gestionar racks de alta densidad; Edge Computing, para acercar capacidad de procesamiento a los lugares donde se generan los datos; y arquitecturas eléctricas modulares, capaces de responder a mayores demandas de potencia y a cambios más dinámicos en las cargas.
A ellas se suman los gemelos digitales, que permiten simular el comportamiento energético y térmico antes de modificar físicamente una instalación, y el software inteligente, utilizado para monitorizar consumo, temperatura, capacidad y rendimiento en tiempo real.
La evolución es significativa porque desplaza la gestión del data center desde una lógica fundamentalmente física hacia una infraestructura cada vez más digitalizada, automatizada y predictiva.
Latinoamérica entra en una carrera de infraestructura
El crecimiento regional tiene además una dimensión estratégica. La capacidad de desplegar infraestructura preparada para IA puede convertirse en un factor de competitividad para los países que buscan atraer centros de datos, servicios cloud y nuevas inversiones digitales.
Colombia, Chile, Perú y Argentina aparecen entre los mercados señalados por Schneider Electric, pero el desafío es común: disponer de energía suficiente, gestionar eficientemente el calor, asegurar resiliencia y aprovechar mejor el espacio disponible.
Santamaría apunta precisamente a esa combinación como condición para seguir captando inversión: “Se requieren centros de datos altamente resilientes, digitalizados y capaces de optimizar el consumo de energía en tiempo real.”
La expansión de la IA convierte así a la infraestructura digital en un elemento cada vez más importante de la competitividad tecnológica de la región.
El futuro será una infraestructura híbrida
Para los líderes de TI y transformación digital, la principal conclusión es que la infraestructura para IA ya no puede analizarse como una suma de servidores, almacenamiento y conectividad.
La capacidad de procesar IA dependerá cada vez más de la interacción entre cómputo, energía, refrigeración, espacio, software y conectividad. Una limitación en cualquiera de estas capas puede convertirse en un cuello de botella para todo el sistema.
Por eso, la próxima generación de data centers latinoamericanos no se definirá solamente por cuántos servidores pueden alojar, sino por cuánta capacidad de procesamiento pueden entregar de forma eficiente, resiliente y sostenible.
Como señala Pinto, la convergencia entre refrigeración líquida y por aire será fundamental para acompañar este crecimiento: “El futuro de los centros de datos será híbrido.”
La carrera por la IA, en definitiva, también se está convirtiendo en una carrera por construir la infraestructura física capaz de sostenerla.







