Apple llega tarde al mercado de los plegables, pero su entrada podría convertir una categoría de nicho en el próximo gran ciclo de innovación del smartphone.
Apple está a punto de entrar en uno de los pocos territorios del mercado móvil en los que todavía no tenía presencia: los teléfonos plegables. La compañía celebra este 9 de septiembre su primer gran evento de producto bajo el liderazgo de John Ternus y, entre los anuncios que más expectativas han generado, se encuentra el dispositivo que durante años ha circulado como el primer iPhone plegable y que los últimos rumores identifican como iPhone Duo.
La información disponible sigue siendo extraoficial, pero el escenario que se perfila es suficientemente concreto como para entender la magnitud de la apuesta. Según las últimas informaciones recogidas por The Verge a partir de Bloomberg, el supuesto iPhone Duo partiría de unos 2.000 dólares para una versión de 256 GB, podría alcanzar los 3.000 dólares con 2 TB de almacenamiento y llegaría a las tiendas en octubre. También se espera un formato plegable tipo libro, con una pantalla interior de mayores dimensiones, multitarea similar a la del iPad y compatibilidad con Apple Pencil.
Apple todavía no ha confirmado oficialmente esas características. Pero el verdadero interés de este lanzamiento no está en comprobar cuánto mide la pantalla o cuánto costará el dispositivo. Está en otra cuestión mucho más importante para la industria: si Apple consigue hacer atractivo el iPhone plegable, puede convertir una categoría que lleva años siendo minoritaria en el próximo gran ciclo de innovación del smartphone.
Apple no inventó el teléfono plegable. Pero puede convertirlo en estándar
Cuando Samsung presentó el Galaxy Fold en 2019, los teléfonos plegables fueron recibidos como una de las grandes promesas del futuro de la movilidad. Desde entonces, fabricantes como Huawei, Google, Xiaomi, Oppo y Honor han desarrollado distintas interpretaciones del concepto. El problema es que, pese a todo ese esfuerzo, el plegable sigue siendo una categoría pequeña.
The Verge, citando estimaciones de Counterpoint, sitúa los teléfonos plegables en apenas el 1,6% de las ventas mundiales de smartphones durante 2025. La previsión es de crecimiento, pero el dato deja claro que todavía no estamos ante una categoría de consumo masivo.
Esto coloca a Apple en una posición peculiar. Llega casi siete años después que Samsung, cuando ya existen generaciones relativamente maduras de dispositivos plegables, pero precisamente por eso no necesita convencer al mercado de que la tecnología funciona. Otros fabricantes han asumido buena parte de ese proceso.
Apple puede concentrarse en una cuestión diferente: demostrar que el formato merece formar parte de la vida cotidiana de un usuario de iPhone.
Esa diferencia es fundamental. Una compañía puede ser pionera en una tecnología y no conseguir convertirla en un negocio masivo. Apple ha demostrado históricamente que su mayor fortaleza no consiste necesariamente en llegar primero, sino en entrar cuando una tecnología está suficientemente madura para ser integrada en una experiencia de producto coherente.
El iPhone original tampoco inventó el teléfono inteligente. El Apple Watch tampoco fue el primer reloj conectado. El iPad no fue la primera tableta. En todos esos casos, la capacidad de Apple para definir una experiencia, controlar el ecosistema y movilizar una cadena de suministro global terminó siendo más importante que la fecha en la que llegó al mercado.
El iPhone plegable se enfrenta ahora a una prueba similar.
El problema que los plegables todavía no han resuelto
La tecnología de las pantallas flexibles ha avanzado considerablemente, pero la existencia de una pantalla que puede doblarse no constituye por sí misma una razón suficiente para cambiar de teléfono.
Ese ha sido uno de los problemas estructurales de la categoría. Un smartphone convencional ya ofrece pantallas grandes, cámaras avanzadas, procesadores suficientemente potentes y un ecosistema de aplicaciones prácticamente ilimitado. El plegable añade superficie y nuevas posibilidades de interacción, pero también introduce más complejidad, un precio mayor y compromisos relacionados con el grosor, el peso, la bisagra y la durabilidad.
La pregunta que la industria lleva años intentando responder es, por tanto, bastante sencilla: ¿qué puede hacer un plegable que un smartphone convencional no pueda hacer suficientemente bien?
La respuesta de Apple tendrá que estar en el software tanto como en el hardware.
Los rumores sobre el supuesto iPhone Duo apuntan a una pantalla interior que permitiría utilizar aplicaciones lado a lado y adoptar algunas dinámicas propias del iPad. La compatibilidad con Apple Pencil reforzaría además la idea de que el dispositivo no pretende limitarse a ofrecer una pantalla más grande, sino convertirse en una herramienta para tareas que requieren una superficie de trabajo mayor.
Si Apple consigue que esa experiencia resulte natural, el argumento comercial cambia por completo. El usuario ya no estaría comprando un teléfono que se dobla por curiosidad tecnológica, sino un dispositivo que puede comportarse como teléfono, pequeña tableta y herramienta de productividad dependiendo de cómo se abra.
Ese es el salto que la categoría todavía necesita.
Apple llega tarde, pero puede llegar en el momento adecuado
Existe una lectura fácil del movimiento de Apple: la compañía llega tarde a una tecnología que Samsung lleva desarrollando desde hace años.
Pero hay otra interpretación posible.
Apple lleva supuestamente trabajando en un iPhone plegable desde al menos 2017. Durante ese tiempo, la industria ha funcionado como un laboratorio gigantesco en el que otros fabricantes han probado diferentes materiales, bisagras, proporciones de pantalla y experiencias de software.
La consecuencia es que Apple entra en una categoría con mucha más información que cuando comenzó a explorarla.
Eso no elimina los riesgos de fabricación. Tampoco garantiza que su primera generación vaya a ser perfecta. Pero sí permite a la compañía tomar decisiones con varios años de aprendizaje acumulado por delante.
Hay, además, una señal especialmente interesante en el diseño.
Durante los primeros años, Samsung prácticamente estableció el lenguaje visual de los plegables tipo libro: un dispositivo alto y estrecho cuando está cerrado, que se transforma en una pantalla más grande al abrirse. En los últimos meses, sin embargo, fabricantes como Huawei, Samsung y Xiaomi han comenzado a apostar por formatos más anchos y bajos, cercanos a la proporción de un pasaporte.
El supuesto iPhone plegable se situaría precisamente en esa dirección.
Eso plantea una paradoja interesante: Apple puede estar llegando tarde al mercado, pero podría llegar en el momento en que el propio diseño de los plegables está buscando una nueva identidad.
El verdadero producto no será la pantalla, sino la experiencia
Esta es probablemente la cuestión que determinará el éxito del iPhone plegable.
Apple no puede limitarse a fabricar un hardware sofisticado. Necesita demostrar que iOS entiende que el dispositivo cambia físicamente de estado y que ese cambio debe tener consecuencias en la experiencia de usuario.
Una pantalla exterior puede servir para tareas rápidas. La pantalla interior puede convertirse en una superficie de trabajo. Dos aplicaciones pueden compartir espacio. El usuario puede consultar información mientras escribe, comparar documentos, editar fotografías o utilizar herramientas de IA con más contexto visual disponible.
La clave estará en que todo eso suceda sin obligar al usuario a aprender una nueva forma de utilizar el iPhone.
Ahí es donde Apple tiene una ventaja potencial frente a buena parte de la industria: controla simultáneamente el hardware, el sistema operativo, los servicios y una parte sustancial del ecosistema de aplicaciones.
La pantalla plegable, por sí sola, es una innovación de ingeniería. Integrarla en una experiencia que millones de personas puedan entender inmediatamente es una innovación de producto.
El plegable puede convertirse también en una nueva interfaz para la IA
Hay otra dimensión que hace especialmente interesante la llegada del iPhone plegable en este momento.
La inteligencia artificial está desplazando los dispositivos móviles desde la función de herramientas que el usuario abre y utiliza hacia la de interfaces capaces de anticipar, organizar y ejecutar determinadas tareas. Los agentes de IA necesitan contexto, acceso a varias aplicaciones y, en determinados casos, una superficie en la que el usuario pueda revisar lo que están haciendo.
Una pantalla plegable ofrece una ventaja natural en ese escenario.
Un usuario podría mantener una aplicación de comunicación en una parte de la pantalla y un documento, navegador o herramienta de productividad en la otra. Podría revisar una acción propuesta por un agente y, al mismo tiempo, consultar la información utilizada para tomar esa decisión. Podría trabajar con texto, imágenes y documentos sin abandonar completamente el contexto de la tarea.
No significa que Apple vaya a convertir automáticamente el iPhone plegable en un dispositivo de agentes. La compañía todavía tendría que demostrar cómo integra sus capacidades de IA con ese formato.
Pero la coincidencia temporal es relevante: la industria está buscando nuevas interfaces precisamente cuando la IA empieza a exigir más contexto y más interacción con varias herramientas.
El plegable podría terminar siendo algo más que una evolución del smartphone. Podría convertirse en una nueva interfaz para una generación de aplicaciones mucho más orientadas a la ejecución de tareas.
El precio será una prueba de la estrategia
El supuesto precio inicial de 2.000 dólares convierte al iPhone Duo en un producto claramente premium. Según las informaciones más recientes, esa cifra correspondería a la versión de 256 GB, mientras que una configuración de 2 TB podría acercarse a los 3.000 dólares.
Todavía hay que tratar estas cifras como rumores, pero incluso si el precio final fuese diferente, es razonable esperar que el primer plegable de Apple se sitúe muy por encima del iPhone convencional.
La estrategia tendría lógica.
Los plegables siguen siendo caros de fabricar y requieren componentes más complejos. Apple tampoco necesita conquistar inmediatamente todo el mercado. Puede comenzar con un producto de alto margen dirigido a los consumidores que estén dispuestos a pagar por la nueva experiencia y utilizar las siguientes generaciones para mejorar la tecnología y ampliar progresivamente el mercado.
Hay además una circunstancia que juega a favor de la compañía: el mercado premium de smartphones es precisamente donde Apple tiene mayor fortaleza.
El reto será justificar que los aproximadamente 2.000 dólares no pagan simplemente una pantalla más grande, sino una categoría de dispositivo diferente.
Apple puede hacer por los plegables lo que hizo por otras categorías
La verdadera importancia del lanzamiento no se medirá solamente en las unidades que Apple venda durante los primeros meses.
Puede medirse por lo que suceda con el resto de la industria.
The Verge recoge estimaciones de Counterpoint según las cuales Apple podría alcanzar aproximadamente el 28% de los envíos mundiales de teléfonos plegables durante 2026 pese a incorporarse al mercado solamente durante una parte del año. Si las previsiones se acercan a la realidad, la entrada de Apple tendría un impacto desproporcionado sobre una categoría que todavía representa una fracción muy pequeña del mercado de smartphones.
Eso obligaría a Samsung, Google, Xiaomi, Huawei, Honor y otros fabricantes a competir no solamente por fabricar mejores plegables, sino por ocupar una posición más clara en un mercado que podría crecer rápidamente.
Y aquí aparece uno de los efectos más interesantes del modelo Apple.
Cuando una categoría es pequeña, la pregunta habitual es si el consumidor necesita ese producto. Cuando Apple entra y consigue crear demanda, la pregunta pasa a ser cuál de las alternativas disponibles ofrece la mejor experiencia.
El cambio psicológico es importante.
La categoría deja de ser experimental y empieza a convertirse en una opción.
El riesgo es que Apple llegue tarde también al software
El optimismo alrededor del iPhone plegable tiene, sin embargo, un límite.
El hardware puede ser excelente y la categoría puede seguir sin despegar si no existe suficiente software diseñado para aprovecharlo.
Un teléfono plegable no necesita únicamente una pantalla flexible. Necesita aplicaciones capaces de aprovechar una pantalla que cambia de tamaño y proporción.
Necesita multitarea bien resuelta, gestión inteligente de ventanas, adaptación de interfaces, herramientas de productividad y, cada vez más, aplicaciones que utilicen IA de forma contextual.
Apple controla una parte importante de ese ecosistema, pero no todo depende de Cupertino. Los desarrolladores tendrán que adaptar sus aplicaciones y descubrir qué experiencias nuevas tienen sentido en un dispositivo que se encuentra a medio camino entre un smartphone y una tableta.
El éxito del producto dependerá, por tanto, de algo que Apple conoce bien: el valor de una plataforma depende de lo que otros construyen sobre ella.
El primer gran examen de John Ternus
El lanzamiento tiene además una dimensión que trasciende al propio dispositivo. Es uno de los primeros grandes acontecimientos de hardware bajo John Ternus, quien asumió el cargo de CEO de Apple el 1 de septiembre tras la salida de Tim Cook.
Ternus llega a la dirección de Apple con una trayectoria profundamente ligada al hardware. Antes de convertirse en CEO dirigió durante años la ingeniería de hardware de la compañía, por lo que el primer gran producto de esta nueva etapa tiene un componente especialmente simbólico.
The Verge plantea precisamente que el desafío de Ternus no consiste únicamente en lanzar un buen dispositivo, sino en conservar la capacidad de Apple para influir sobre categorías enteras del mercado.
El iPhone plegable es un caso perfecto para medir esa capacidad.
Si Apple consigue que el dispositivo sea percibido como el formato hacia el que se dirige el smartphone premium, Ternus habrá demostrado que la compañía conserva una de sus ventajas históricas: entrar en una categoría existente y modificar las expectativas del mercado.
Si, por el contrario, el producto termina siendo principalmente un iPhone extraordinariamente caro con una pantalla que se dobla, la historia será muy diferente.
Apple no necesita llegar primero; necesita hacer que parezca inevitable
La industria tecnológica suele premiar a quien llega primero, pero la historia de Apple demuestra que existen otras formas de ganar.
El iPhone no fue el primer smartphone. El iPad no fue la primera tableta. El Apple Watch no fue el primer reloj inteligente. En cada caso, Apple aprovechó tecnologías y mercados que ya existían para construir una experiencia capaz de cambiar la escala de la categoría.
El iPhone plegable enfrenta ahora el mismo desafío.
Apple no necesita demostrar que puede fabricar una pantalla que se dobla. Samsung, Huawei, Xiaomi y otros fabricantes llevan años demostrando que es posible. Tampoco necesita convencer a los consumidores de que el formato existe.
Tiene que demostrar algo mucho más difícil: que un teléfono plegable puede convertirse en una mejor forma de utilizar un smartphone.
Si consigue que la pantalla adicional tenga un propósito claro, que iOS aproveche realmente el nuevo formato, que la multitarea resulte natural, que la inteligencia artificial encuentre un espacio más útil y que el precio pueda justificarse por la experiencia, la llegada del iPhone plegable podría marcar el comienzo de una nueva etapa para el mercado.
En ese escenario, Apple no habría inventado el teléfono plegable. Habría hecho algo potencialmente más importante para la industria: convertirlo en una categoría que millones de consumidores consideran legítima.
Y esa es la paradoja de la estrategia de Cupertino. Puede que Apple llegue siete años tarde al plegable, pero si consigue que el mercado cambie de opinión sobre él, todos los años anteriores habrán sido parte de su ventaja.







