Chile apuesta por el Cable Submarino Humboldt para convertirse en un hub digital entre Asia y Sudamérica.
El cable submarino que conectará Chile con Australia puede cambiar la posición del país en el mapa mundial de datos y acelerar su apuesta por la nube, los centros de datos y la IA.
Chile quiere dejar de ser únicamente un mercado conectado a Internet para convertirse en uno de los nodos que ayudan a sostener la economía digital de Sudamérica. El proyecto Humboldt, impulsado por el Gobierno chileno a través de Desarrollo País junto a Google, representa una de las principales apuestas del país para conseguirlo.
El sistema contempla un cable submarino de aproximadamente 14.800 kilómetros entre Chile y Sídney, diseñado para establecer una ruta directa entre Sudamérica y Asia-Pacífico. A esta infraestructura se suma una conexión de unos 6.500 kilómetros hacia Panamá, lo que eleva a más de 21.000 kilómetros la extensión total del sistema. Su entrada en operación está prevista entre 2027 y 2028.
Más allá de sus dimensiones, el proyecto tiene una importancia estratégica: diversificar las rutas internacionales por las que circulan los datos y reducir la dependencia de los corredores tradicionales que conectan Sudamérica con Norteamérica.
Una nueva ruta para el tráfico digital
Los cables submarinos son la infraestructura física sobre la que descansa buena parte de la economía digital. Por ellos circula el tráfico internacional que sostiene servicios cloud, plataformas digitales, comunicaciones empresariales y centros de datos distribuidos por diferentes continentes.
Humboldt permitirá conectar directamente Chile con Australia y, desde allí, con otros mercados de Asia-Pacífico. Desarrollo País considera que esta nueva ruta puede convertir al país en una puerta de entrada para el tráfico internacional hacia Sudamérica y mejorar la capacidad y latencia de las conexiones regionales.
El impacto potencial va más allá de Chile. Argentina, Perú, Bolivia y Paraguay pueden beneficiarse de una infraestructura que amplía las alternativas de conexión con las redes globales.
La redundancia se convierte en un activo estratégico
En un mundo cada vez más dependiente de los servicios digitales, disponer de rutas alternativas es también una cuestión de resiliencia.
Los cables submarinos pueden sufrir cortes por accidentes, actividad sísmica o daños provocados por anclas y otras actividades marítimas. Cuando una ruta concentra una parte importante del tráfico, una interrupción puede afectar a empresas y usuarios situados a miles de kilómetros.
Humboldt introduce una nueva trayectoria por el Pacífico Sur y, por tanto, añade redundancia a la infraestructura internacional existente. Para las empresas, esto puede traducirse en conexiones más resistentes y mayores posibilidades para distribuir servicios digitales entre distintas regiones.
El cable puede atraer una nueva generación de data centers
El verdadero potencial económico del proyecto aparece cuando se conecta la infraestructura submarina con otra tendencia: la expansión de los centros de datos.
Los proveedores cloud y las empresas que desarrollan inteligencia artificial necesitan cada vez más capacidad de procesamiento y conectividad internacional. Los grandes centros de datos deben intercambiar enormes volúmenes de información con otras instalaciones, usuarios y servicios distribuidos globalmente.
Chile parte además de una posición favorable por su disponibilidad de energías renovables, especialmente solar y eólica, y por las condiciones climáticas de algunas zonas del país.
La combinación de energía, conectividad internacional y estabilidad puede reforzar el atractivo de Chile para nuevas inversiones en infraestructura digital.
La IA está elevando el valor de la infraestructura física
La expansión de la inteligencia artificial está cambiando también la importancia estratégica de estas infraestructuras.
La conversación tecnológica suele concentrarse en modelos, chips y plataformas, pero detrás de cada servicio de IA existe una arquitectura física formada por centros de datos, redes eléctricas y conexiones de telecomunicaciones.
Cuanto más crecen las necesidades de cómputo y de intercambio de datos, mayor es la importancia de disponer de rutas internacionales con suficiente capacidad y baja latencia.
Por eso, Humboldt no debe analizarse únicamente como un proyecto de telecomunicaciones. Forma parte de una infraestructura más amplia sobre la que Chile puede construir su próxima etapa de desarrollo digital.
El reto será convertir conectividad en ecosistema
Tener un cable no convierte automáticamente a un país en hub tecnológico. Chile tendrá que conseguir que alrededor de esta nueva infraestructura se instalen operadores, proveedores cloud, centros de datos y empresas tecnológicas.
Google y Desarrollo País ya han creado Humboldt Connect para comercializar la capacidad del sistema y facilitar su utilización por operadores, empresas de telecomunicaciones, proveedores de contenidos y redes académicas.
Ese será el verdadero examen del proyecto.
Si Chile consigue transformar los 14.800 kilómetros de fibra que cruzarán el Pacífico en nuevas inversiones, capacidad de cómputo y servicios digitales, Humboldt puede terminar siendo mucho más que un cable submarino.
Puede convertirse en una pieza estratégica de la infraestructura digital de Sudamérica y en el puente tecnológico que acerque la región a Asia-Pacífico.







