El 69% de las organizaciones latinoamericanas que planea implementar un Centro de Operaciones de Seguridad espera tenerlo operativo en menos de un año, pero la inversión y el talento siguen siendo obstáculos.
La presión para detectar y responder más rápido a los ciberataques está llevando a las empresas latinoamericanas a acelerar la creación de Centros de Operaciones de Seguridad (SOC). Según una investigación de Kaspersky, el 69% de las organizaciones de la región que todavía no cuenta con uno espera ponerlo en funcionamiento entre seis y doce meses.
El problema es que acelerar la operación no significa que resulte sencillo financiarla. A escala global, las organizaciones contemplan una inversión promedio cercana a los US$2 millones para poner en marcha un SOC, mientras que en América Latina el 33% identifica los altos costos de inversión como uno de los principales obstáculos.
La tensión es evidente: las empresas necesitan aumentar su capacidad de defensa, pero construir un SOC implica mucho más que comprar tecnología.
El presupuesto marca el primer límite
Los presupuestos previstos muestran una realidad bastante heterogénea. A nivel global, el 55% de las organizaciones espera invertir menos de US$1 millón, mientras que un 24% contempla superar los US$2,5 millones.
La diferencia responde, entre otros factores, al tamaño de la organización, la complejidad de su infraestructura y el grado de externalización previsto. Una compañía con miles de empleados, múltiples nubes, aplicaciones críticas y operaciones distribuidas necesita una capacidad de monitorización muy diferente a la de una organización con una infraestructura más acotada.
Por eso, el verdadero desafío para el CIO no consiste necesariamente en construir el SOC más completo desde el principio, sino en determinar qué capacidad necesita realmente el negocio y dónde debe concentrarse la inversión.
Menos de un año para pasar del proyecto a la operación
El tiempo también se ha convertido en una variable estratégica. La mayoría de las organizaciones latinoamericanas consultadas espera completar la implementación en un periodo de seis a doce meses, aunque un 20% anticipa proyectos que pueden extenderse hasta dos años.
Una estrategia progresiva puede ayudar a reducir esa presión. En lugar de intentar cubrir toda la infraestructura desde el primer día, las organizaciones pueden comenzar con los activos y procesos más críticos y ampliar posteriormente la cobertura.
Esto permite convertir el SOC en una capacidad que evoluciona con el negocio, en lugar de tratarlo como un proyecto tecnológico que debe quedar completamente terminado antes de comenzar a generar valor.
El problema no termina con la tecnología
El presupuesto es solo una parte del desafío. El 23% de las organizaciones latinoamericanas señala dificultades para medir la efectividad de su SOC, mientras otro 23% identifica la gestión de soluciones de seguridad complejas como un obstáculo. Un 21% tiene problemas para integrar diferentes sistemas y tecnologías.
La medición es especialmente importante porque un SOC no debería evaluarse únicamente por la cantidad de alertas que genera. Indicadores como el MTTD, el MTTR, el número de incidentes contenidos, el nivel de cumplimiento y, finalmente, el impacto económico sobre el negocio permiten determinar si la inversión está produciendo resultados.
Sin esta perspectiva, el SOC corre el riesgo de convertirse en otra capa tecnológica difícil de justificar ante la dirección.
El talento es el otro cuello de botella
La falta de profesionales especializados añade otra dificultad. El 18% de las organizaciones latinoamericanas reconoce carencias de experiencia dentro de sus propios equipos y el 24% encuentra dificultades para localizar ese conocimiento en el mercado laboral.
Esto explica por qué la construcción de un SOC no necesariamente implica que todas sus capacidades deban mantenerse dentro de la organización. Los modelos híbridos y los servicios gestionados permiten combinar conocimiento interno sobre el negocio con capacidades externas de monitorización, detección y respuesta.
Además, la inteligencia artificial empieza a modificar la ecuación. Kaspersky señala que el 97% de las empresas latinoamericanas prevé incorporar IA en sus operaciones de seguridad, especialmente en los SOC, para automatizar tareas, analizar amenazas y acelerar la respuesta.
El SOC que necesitan los CIO no es necesariamente el más grande
La principal conclusión para los CIO es que construir un SOC debería comenzar por definir qué riesgo necesita reducir la organización, no por decidir qué tecnología quiere comprar.
La inversión, el talento, la integración y las métricas deben responder a esa primera decisión. Para algunas empresas tendrá sentido desarrollar capacidades internas; para otras será más eficiente combinar equipos propios con servicios especializados.
La carrera por crear SOC en América Latina apenas comienza. Pero el éxito no se medirá por cuántas organizaciones consigan poner uno en marcha durante los próximos doce meses. Se medirá por cuántas logren convertir esa inversión en una capacidad de seguridad capaz de detectar antes, responder más rápido y proteger mejor la continuidad del negocio.







