Durante años, la conversación sobre inteligencia artificial estuvo dominada por la nube. Hoy, esa narrativa empieza a perder sentido.
La inteligencia ya no vive en un único lugar. Se distribuye entre el edge, el dispositivo y la nube. Y ese cambio está obligando a las organizaciones a replantear no solo su arquitectura tecnológica… sino su forma de operar.








