El avance del nuevo campus de AWS en Santiago reabre el debate sobre infraestructura digital y sostenibilidad ambiental en América Latina.
La expansión de AWS en Chile ya no es solamente una noticia de infraestructura tecnológica. Se ha convertido en un símbolo de una tensión cada vez más visible en América Latina: cómo atraer inversión digital sin transformar el territorio en una zona de sacrificio energético y ambiental.
La reciente aprobación del campus de data centers que Amazon Web Services construirá en Santiago deja claro que el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial y la economía digital tiene consecuencias físicas. Detrás de cada servicio cloud, cada modelo de IA y cada plataforma conectada existe una demanda creciente de energía, agua y suelo urbano.
Según un reporte publicado por Reuters, las autoridades ambientales chilenas rechazaron las apelaciones presentadas por residentes y grupos ambientalistas que buscaban frenar el proyecto. Los demandantes argumentaban que la evaluación ambiental omitía el impacto de una futura línea eléctrica de alta tensión necesaria para alimentar la instalación.
La resolución permitió que el proyecto avance.
AWS en Chile acelera la carrera por infraestructura digital
Amazon Web Services confirmó que invertirá más de 4.000 millones de dólares en Chile durante los próximos 15 años para construir, operar y mantener infraestructura cloud en el país. La compañía busca convertir a Santiago en su tercer gran hub regional después de São Paulo y México central.
La apuesta no es casual.
Chile ofrece una combinación estratégica difícil de ignorar: estabilidad regulatoria relativa, alta conectividad mediante fibra óptica y una matriz energética donde la generación hidroeléctrica tiene un peso importante. Para los hyperscalers globales, estos factores son esenciales en un contexto donde la demanda computacional vinculada a IA generativa está disparando la construcción de centros de datos en todo el mundo.
Rafael Mattje, líder tecnológico de AWS para el Cono Sur, aseguró a Reuters que la infraestructura fue diseñada “con un fuerte énfasis en la eficiencia de recursos”, minimizando consumo energético y uso de agua.
Pero el discurso corporativo ya no es suficiente para cerrar el debate.
El costo invisible de la nube
Durante años, la conversación sobre transformación digital estuvo dominada por conceptos abstractos: automatización, eficiencia, escalabilidad o experiencia del cliente. Sin embargo, el crecimiento exponencial de los data centers está obligando a CIOs, reguladores y ciudadanos a discutir algo más tangible: el costo físico de la nube.
Los residentes de la zona norte de Santiago que se opusieron al proyecto no protestaban únicamente contra un edificio tecnológico. Protestaban contra la posibilidad de perder espacios verdes, modificar el ecosistema local y alterar la dinámica de sus comunidades.
Patricio Hernández, uno de los vecinos involucrados en la demanda, describió el área afectada como un espacio de recreación y convivencia comunitaria bajo la cordillera de los Andes. Su preocupación refleja un fenómeno que comienza a repetirse en distintos mercados: la resistencia social frente a megaproyectos tecnológicos percibidos como invasivos.
La industria enfrenta además una contradicción compleja. Mientras las empresas tecnológicas promueven estrategias ESG y compromisos de sostenibilidad, los modelos de IA requieren una infraestructura energética cada vez más intensiva.
Y eso cambia completamente la conversación.
Chile busca convertirse en un imán para hyperscalers
Sebastián Díaz, especialista en ciudades sostenibles y exasesor del plan nacional de data centers de Chile, afirmó a Reuters que el país se ha convertido en “un imán para esta industria”. Sin embargo, también advirtió que la región necesita equilibrar la atracción de inversiones con la protección ambiental y social.
Ese equilibrio será uno de los grandes desafíos de la próxima década.
El nuevo gobierno chileno encabezado por José Antonio Kast ha prometido reducir burocracia y acelerar inversiones. En paralelo, la presión global por ampliar capacidad computacional seguirá aumentando debido al crecimiento de servicios basados en inteligencia artificial.
La pregunta ya no es si América Latina atraerá más data centers. La verdadera discusión es bajo qué condiciones lo hará.
Porque cada nuevo campus tecnológico redefine no solo la infraestructura digital de un país, sino también su relación con la energía, el territorio y las comunidades que deberán convivir con esa nueva realidad.







