Enrique Camacho de eSource Capital analiza cómo la transición hacia modelos probabilísticos redefine la gobernanza, los contratos y el liderazgo.
Recientemente, en The Standard CIO, tuve la oportunidad de conversar extensamente con Enrique Camacho, CEO de eSource Capital y uno de los aliados más experimentados de Google en América Latina. Lo que comenzó como una revisión de la trayectoria de dos décadas de su organización, derivó rápidamente en una de las disecciones más lúcidas que he escuchado sobre el impacto real de la Inteligencia Artificial en la estructura operativa de los negocios. La tesis central es reveladora: la mayoría de las organizaciones están intentando gestionar una estrategia de IA probabilística con las mismas herramientas rígidas y mentales con las que administraban el software tradicional.
Y esto hay que corregirlo de inmediato.
El fin de la era algorítmica
Para entender los desafíos actuales, Camacho propone un ejercicio de arqueología tecnológica. Durante décadas, las empresas han operado bajo un modelo algorítmico. Un ERP o un sistema contable son predecibles: ante los mismos datos de entrada, el resultado es siempre idéntico. Sin embargo, la IA rompe este paradigma. Al basarse en redes neurales que identifican patrones para predecir la siguiente palabra o imagen, entramos en el terreno de lo probabilístico.
Esta distinción no es meramente técnica; es el núcleo del riesgo operativo. Camacho advierte que, si una herramienta de IA tiene un margen de error —por pequeño que sea—, el contrato social y legal entre la empresa y sus grupos de interés debe cambiar radicalmente. No podemos confiar ciegamente en el resultado de un modelo que, por definición, puede “alucinar” o variar su respuesta ante la misma pregunta.
Reconfigurando la cadena de valor: Contratos y gobernanza
Uno de los puntos más reveladores de la charla fue la necesidad de actualizar la infraestructura legal de las empresas. Según Camacho, una estrategia de IA probabilística sólida debe reflejarse en tres frentes contractuales:
- Colaboradores internos: Ya no basta con entregar la herramienta. Los contratos laborales deben incluir cláusulas que obliguen al empleado a aplicar su criterio personal (human in the loop) y asumir la responsabilidad de los resultados que decida compartir o utilizar.
- Proveedores: Si contratamos a una agencia externa, debemos auditar qué herramientas utilizan. El uso de versiones gratuitas de IA supone un riesgo masivo de fuga de propiedad intelectual, ya que esos datos suelen alimentar el entrenamiento de modelos públicos.
- Clientes: Las empresas que entregan servicios basados en IA deben ser transparentes sobre los márgenes de error. El cumplimiento ya no se mide en términos de “exactitud total”, sino en niveles de probabilidad aceptables, como un 95% o 97% de acierto.
El dilema del “Shadow AI” y la Era del Entendimiento
El fenómeno del Shadow IT ha evolucionado hacia el Shadow AI. Camacho señala que es inútil intentar prohibir el uso de estas herramientas; la energía debe canalizarse a través de la educación. Hemos pasado de la era de la información a la era del conocimiento, y de esta, a lo que él denomina la Era del Entendimiento.
En esta etapa, el valor del profesional no reside en acceder a la información, sino en tener el criterio suficiente para validar si lo que la IA genera es ético, correcto y seguro. “Si el producto es gratuito, el producto eres tú”, recuerda Camacho al enfatizar la importancia de utilizar versiones corporativas pagadas para proteger la memoria y la data propietaria de la organización.
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¿Quién debe liderar la Estrategia de IA?
Quizás la idea más provocadora de Camacho es el desplazamiento del centro de gravedad en la toma de decisiones tecnológicas. Tradicionalmente, el CIO era el guardián de estas implementaciones. No obstante, Camacho revela que el 90% de sus consultas actuales provienen de CEOs y juntas directivas.
La razón es simple: la IA no es un proyecto de TI, es un cambio en el modelo de rentabilidad y estrategia del negocio. Camacho hace una analogía con la llegada de internet: ninguna empresa creó un “Vicepresidente de Internet”; simplemente integraron la red en su estrategia central. Lo mismo debe ocurrir hoy. Una organización no necesita una “estrategia de IA” aislada, sino integrar la IA dentro de su estrategia empresarial para evitar la creación de “proyectos juguete” o pilotos sin impacto real.
Por qué la transformación digital falló y cómo la IA puede triunfar
Al analizar el historial de éxito de la transformación digital, Camacho es tajante: ha sido, en gran medida, un fracaso global porque se intentó imponer cambios masivos a personas que ya estaban saturadas de trabajo, pidiéndoles que redefinieran los procesos que ellas mismas ejecutaban.
Para que la adopción de una estrategia de IA probabilística sea exitosa, la ruta debe ser proceso por proceso. En lugar de una reingeniería total, Camacho propone modelos de implementación en paralelo. Por ejemplo, en procesos críticos como el Know Your Customer (KYC) en la banca, se puede empezar derivando un 10% del tráfico a un flujo asistido por IA, validar resultados y escalar gradualmente sin poner en riesgo la operación.
El factor ético como ventaja competitiva
Finalmente, la conversación abordó la ética no como un concepto abstracto, sino como un activo de confianza. Camacho citó el caso de Anthropic y su disputa con el gobierno de EE. UU. por cláusulas de uso de seguridad. El hecho de que una empresa prefiera perder un contrato millonario antes que comprometer su filosofía de seguridad genera una confianza que los modelos matemáticos por sí solos no pueden comprar.
En conclusión, ser una empresa IA First no se trata de cuántos modelos de lenguaje tenemos desplegados, sino de cuánta memoria corporativa y experiencia humana estamos inyectando en esos modelos. Como bien dice Enrique, la infraestructura se puede alquilar, pero el criterio y la data propietaria son el único foso defensivo real en esta nueva era.
Pueden ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube: Los nuevos desafíos operativos de ser una empresa IA First.







