Restart lleva la inteligencia artificial a empresas de Argentina.
El spin-off de Iplan apuesta por procesos concretos, resultados en cinco semanas y una metodología propia para escalar la IA en la región.
La inteligencia artificial en empresas ya no es una promesa de futuro: es una demanda concreta que, según sus protagonistas, enfrenta más obstáculos culturales y operativos que técnicos. Con ese diagnóstico como punto de partida, Daniel Nofal, Damián Maldini y Pablo Saubidet presentaron oficialmente Restart, un spin-off surgido del ecosistema de Iplan, la telco-techco que ellos mismos construyeron durante las dos últimas décadas.
Tres fundadores, treinta años de historia tecnológica
La trayectoria de este trío arranca en Cablevisión a mediados de los noventa, donde fundaron Fibertel, la primera proveedora de internet de banda ancha en América Latina. Luego vino Iplan en 1999, orientada a las pequeñas y medianas empresas, y una reconversión gradual hacia los servicios en la nube que hoy representan más de la mitad de la facturación del grupo. “Nadie vende en Argentina tantos servicios de la nube de Google, Microsoft o Huawei como Iplan”, afirmó Saubidet durante la presentación.
Esa acumulación de experiencia desembocó en Restart cuando la irrupción de la IA generativa planteó una disyuntiva: crecer desde Iplan o construir una entidad independiente con su propio modelo estratégico y comercial. “Nos dimos cuenta de que, si bien el apoyo de Iplan iba a ser fundamental, teníamos que crear una empresa independiente”, explicó Nofal.
IA para empresas: MVPs en cinco semanas, cobro por consumo
El modelo de negocio de Restart rompe con la lógica tradicional de los proyectos tecnológicos. Donde la consultoría convencional promete implementaciones que se extienden durante meses y factura por hora hombre, Restart presenta productos funcionando antes de firmar un contrato y cobra por consumo. “Nosotros no vendemos un proyecto, mostramos cómo funciona algo”, sintetizó Maldini.
Para validar esa propuesta, Nofal compartió tres casos reales:
- El primero: una encuestadora política que reemplazó sus llamadas manuales por un agente de voz que incrementó en un 40% la cantidad de encuestas completadas, mejoró un 25% la calidad de las respuestas abiertas y redujo a la mitad el costo por encuesta, todo por unos 1.500 dólares mensuales.
- El segundo: una cadena de indumentaria que aprovechó sus cámaras ya instaladas para hacer análisis de sentimientos en tiempo real —expresiones, estado de ánimo, experiencia en tienda— con un costo de entre 1.500 y 2.000 dólares al mes.
- El tercero: un estudio jurídico cuyo agente de revisión contractual aceleró en un 65% los tiempos de análisis, permitiendo que los abogados concentren su trabajo en los puntos críticos en lugar de leer cláusulas estándar.
En el centro de su metodología está el IARC (IA Readiness Check), una evaluación que mide si una organización está preparada para incorporar inteligencia artificial: adopción interna, madurez cultural, decisión organizacional y, sobre todo, calidad de los datos. “La inteligencia artificial es un dato procesado. Si el dato es malo, lo único que hacés es amplificar ese error”, advirtió el equipo.
Un mercado que madura, pero con fricciones reales
El contexto respalda la lectura de Restart. Según McKinsey, el 78% de las organizaciones ya utiliza IA en al menos una función de su negocio. Sin embargo, un informe de Boston Consulting Group advierte que el 74% de las empresas latinoamericanas no consigue extraer valor real de sus iniciativas. En Argentina, un estudio de Microsoft revela que el 85% de las compañías medianas ya aplica IA, aunque muchas desconocen por dónde escalarla. El Banco Interamericano de Desarrollo suma obstáculos estructurales: déficit de infraestructura de datos y escasez de talento especializado.
Ese escenario explica tanto la oportunidad como la resistencia que Restart encuentra del otro lado. “El FOMO es enorme. Pero eso convive con una resistencia cultural dentro de las empresas”, señaló Saubidet. Por eso, la compañía complementa su oferta tecnológica con la Restart Academy, un programa de acompañamiento para acelerar el cambio organizacional.
Maldini fue enfático en ampliar el argumento más allá del recorte de costos: “Hay productos enteros que eran imposibles y ahora son posibles. Nuevas fuentes de ingreso, nuevos servicios. Eso es mucho más interesante que solo reducir personal”.
Rumbo a los 100 millones de dólares
Restart factura actualmente 12 millones de dólares anuales y tiene como meta declarada los 100 millones. La expansión regional ya comenzó: Chile es el primer destino, seguido de Perú, con un modelo que abre primero una oficina comercial para distribución de soluciones —con socios como Huawei— y luego despliega los servicios de consultoría. El crecimiento, además, contempla adquisiciones de empresas con presencia local y conocimiento sectorial.
“Los que manejaban carruajes eran pocos. Los que manejan autos son todos. Con la IA es lo mismo”, cerró Maldini. Una metáfora que, más allá de su simpleza, describe con precisión la apuesta de un equipo que ya navegó tres olas tecnológicas y no planea perderse la cuarta.







