El 56% de las trabajadoras chilenas financia su propio aprendizaje tecnológico; la IA encabeza sus prioridades de formación, según Randstad.
La transformación digital no espera a nadie, y las trabajadoras chilenas lo saben con claridad. En vez de aguardar que sus empleadores actualicen sus programas de formación, más de la mitad está tomando el control directo de su desarrollo profesional. Así lo revelan los estudios HR Trends 2026 y Workmonitor 2026 de Randstad, publicados en la antesala del Día Internacional de la Mujer: el 56% de las profesionales en Chile costea y gestiona su propia capacitación tecnológica, sin depender de la agenda corporativa.
El fenómeno no es menor. Estamos frente a un reposicionamiento estratégico del talento femenino en un mercado donde la automatización redefine perfiles, elimina tareas y exige habilidades que pocas organizaciones están enseñando a tiempo.
La IA como palanca de movilidad profesional
De acuerdo con los datos de Randstad, el 41% de las mujeres encuestadas en Chile identifica la Inteligencia Artificial como su principal prioridad de formación. No se trata de una tendencia abstracta: la IA incide directamente en la productividad, en la toma de decisiones y en el acceso a posiciones de mayor peso estratégico dentro de las organizaciones.
El mapa de intereses formativos es elocuente:
- Inteligencia Artificial: 41%
- Conocimientos TI y automatización: 32%
- Habilidades de gestión y liderazgo: 27%
- Privacidad de datos y ciberseguridad: 21%
Estos porcentajes describen algo más que preferencias individuales: documentan un desplazamiento colectivo hacia competencias que antes se concentraban en perfiles técnicos masculinos. Las mujeres chilenas están ocupando ese espacio por iniciativa propia.
Natalia Zúñiga, directora de Marketing & Comunicaciones de Randstad Chile, lo sintetiza con precisión: “Que casi la mitad de las profesionales priorice la IA demuestra que las mujeres están liderando la transición hacia un modelo de trabajo más híbrido y estratégico.”
La brecha que las empresas aún no cierran
El reverso de esta historia tiene una lectura menos alentadora para el mundo corporativo. Solo el 27% de las trabajadoras declara recibir capacitación adecuada por parte de su empleador en áreas como IA y automatización. En los hombres, ese porcentaje sube al 35%. La diferencia, aunque aparentemente modesta, reproduce en la formación la misma lógica que históricamente ha frenado el avance femenino en entornos tecnológicos.
Frente a esa omisión institucional, el talento femenino responde con lo que Randstad denomina autodidactismo estratégico: la decisión consciente de invertir recursos propios —tiempo y dinero— para no quedar fuera de un mercado que se reconfigura a velocidad acelerada. El objetivo es doble: evitar la obsolescencia laboral y acceder, mediante el dominio de habilidades digitales, a roles que el techo de cristal ha mantenido fuera de alcance.
Este comportamiento marca una ruptura con la narrativa que durante años colocó a las mujeres como receptoras pasivas de las políticas de recursos humanos. Hoy, los datos de Randstad muestran a profesionales que diagnostican el entorno, priorizan habilidades críticas y actúan sin necesidad de que la empresa diseñe el camino.
El desafío que esto plantea a las organizaciones es concreto: si el talento femenino ya avanza por cuenta propia hacia las competencias del futuro, los departamentos de formación corporativa deben alcanzarlo, no al revés. La brecha en capacitación no solo es una deuda con la equidad; es un riesgo para la competitividad de quienes no corrijan el rumbo.
“Las profesionales chilenas ya no están esperando que el futuro del trabajo se diseñe para ellas. Lo están liderando”, concluye Zúñiga.
Los datos completos están disponibles en los informes HR Trends 2026 y Workmonitor 2026 de Randstad.







