El mayor evento de conectividad del mundo abre con datos que redefinen el peso económico de la telefonía móvil y los riesgos del cibercrimen.
El peso real de la conectividad móvil: 7,6 billones de dólares y tres retos sin resolver.
Barcelona vuelve a ser esta semana la capital global de las telecomunicaciones. MWC26, la edición 2026 del Mobile World Congress, abrió sus puertas con una convocatoria que va más allá del escaparate tecnológico: el sector móvil enfrenta simultáneamente la presión de completar una promesa pendiente con el 5G, el imperativo de no quedar fuera de la redistribución del poder que impone la inteligencia artificial, y la urgencia de contener una amenaza digital que crece más rápido que cualquier red.
Vivek Badrinath, Director General de la GSMA, marcó el tono desde el primer minuto de su keynote inaugural. Su diagnóstico fue preciso y sin rodeos: “Si queremos desbloquear el pleno potencial del 5G, aprovechar la IA de forma responsable y proteger a las personas de amenazas digitales en escalada, debemos actuar con urgencia.” No fue retórica de apertura. Fue un mapa de trabajo con tres coordenadas claras: redes standalone, IA inclusiva y seguridad digital como proyecto colectivo entre industria y gobiernos.

Vivek Badrinath, Director General de la GSMA.
Los números que sostienen la urgencia
El argumento de Badrinath llega respaldado por el GSMA Mobile Economy 2026 Report, presentado hoy en Barcelona. El informe documenta una industria con peso económico real y creciente: las tecnologías móviles generaron 7,6 billones de dólares en valor económico durante 2025, equivalentes al 6,4% del PIB mundial. La proyección para 2030 eleva esa cifra a 11,3 billones, representando el 8,4% del producto global. No es una industria de infraestructura discreta. Es un sistema nervioso de la economía contemporánea.
El ecosistema sostiene 50 millones de empleos en todo el mundo y aportó más de 800.000 millones de dólares en ingresos públicos a través de impuestos en 2025. Los ingresos de los operadores crecerán de 1,19 billones en 2025 a 1,36 billones en 2030, apoyados en una inversión de capital que superará los 1,2 billones de dólares en ese período. Para entonces, el 57% de todas las conexiones móviles operará sobre 5G, mientras que las redes 2G y 3G representarán apenas el 1% y el 5% del total, respectivamente. La transición no es gradual: es estructural.
El cibercrimen como variable macroeconómica
El dato que más interpela a los CIOs no está en las proyecciones de cobertura ni en los modelos de negocio de los operadores. Está en la amenaza. Según el mismo informe, el costo global del cibercrimen —fraude incluido— escalaría de 9,22 billones de dólares en 2024 a 15,63 billones en 2029. Una cifra que ya no pertenece al vocabulario de la seguridad informática: es una variable macroeconómica.
La razón de esa aceleración es técnica y estructural al mismo tiempo. A medida que las redes se vuelven más definidas por software y habilitadas por IA, la superficie de ataque se expande. El sector lo sabe: más del 90% de los operadores ya califican el entorno de amenazas como alto o muy alto. La respuesta no puede ser reactiva ni fragmentada. MWC26 propone exactamente lo contrario: coordinación transversal, marcos compartidos y acción regulatoria alineada.
La brecha que los datos no ocultan
Hay una paradoja que el informe no suaviza. El 96% de la población mundial vive dentro del alcance de una red de banda ancha móvil. Aun así, más de tres mil millones de personas permanecen desconectadas. La brecha de uso es diez veces mayor que la brecha de cobertura. El problema, en consecuencia, no es infraestructura: es acceso real, asequibilidad y relevancia percibida del servicio. Esa distinción tiene implicaciones directas para los modelos de inversión, la política pública y el diseño de los próximos ciclos de despliegue.
El sector que conecta al mundo llega a Barcelona con una agenda que no admite postergación. MWC26 continúa hasta el 5 de marzo con keynotes, cumbres sectoriales y sesiones de conferencia disponibles en directo y bajo demanda a través del sitio oficial del evento.
Lo que está en juego no es tecnológico en sentido estrecho. Es la capacidad colectiva de completar lo que se prometió con el 5G, democratizar la IA antes de que se concentre, y tratar la ciberseguridad como lo que ya es: una prioridad de Estado.







