Alyssa Iyer, experta de Lynx, anticipa un 2026 marcado por pagos instantáneos, fraude más sofisticado y una integración total entre ciberseguridad, AML y análisis transaccional.
La región latinoamericana está entrando en una etapa crítica para la gestión del riesgo financiero. La aceleración de los pagos instantáneos, la digitalización masiva y el aumento de la sofisticación criminal están desbordando las estrategias tradicionales de prevención. Así lo afirma Alyssa Iyer, experta en prevención de lavado de dinero (AML) en Lynx, a la hora de precisar las tendencias que marcarán 2026.
Según Iyer, el 2025 expuso la fragilidad de muchos sistemas. “Los defraudadores ya no actúan solos. Operan como empresas, con roles especializados, redes estructuradas y tecnologías avanzadas”, señala.
Los datos lo evidencian: más del 80% de las entidades latinoamericanas reportó limitaciones tecnológicas en sus sistemas antifraude y el 57% reconoció un aumento en devoluciones falsas. Además, el fraude con tarjeta sigue siendo un 97% más alto en la región que en Estados Unidos.
LEE TAMBIÉN: Mulas del dinero, ¿nueva expresión de las identidades sintéticas?
Durante el año, los comercios y entidades de la región priorizaron la reducción del fraude y los contracargos, aunque enfrentaron desafíos crecientes: más del 80% de las entidades reportó limitaciones tecnológicas y de datos para optimizar sus sistemas antifraude, mientras que el 57% registró un aumento en los casos de abuso de políticas o devoluciones falsas, según el 2025 Global eCommerce Payments And Fraud Report.
Pagos instantáneos, mulas bancarias y bots: el nuevo ecosistema del riesgo
El auge de los pagos en tiempo real (RTP) ha ampliado la superficie de ataque. La velocidad beneficia tanto a usuarios legítimos como a redes criminales.
Iyer destaca que la persistencia de procesos manuales en la gestión de disputas —sumada al uso creciente de credenciales comprometidas y bots automatizados— limita la capacidad de respuesta de los bancos.
A este escenario se suma la expansión de las mulas bancarias, donde personas jóvenes o desprevenidas son reclutadas para mover fondos ilícitos de manera casi inmediata, una práctica que seguirá creciendo si no se fortalecen las capacidades de monitoreo transaccional.
Brasil ya es un referente en este fenómeno. Solo el fraude por pago autorizado superó los 380 millones de dólares, y se proyecta un crecimiento del 40% hacia 2028. Para Iyer, es probable que nuevas normas de seguridad inspiradas en este caso se repliquen en toda la región.
2026: hacia una nueva arquitectura de riesgo financiero
Lynx anticipa que 2026 será un año clave para redefinir la forma en que las instituciones financieras enfrentan el crimen digital. La tendencia central: integrar lo que durante años ha operado en silos.
Integración total entre fraude, AML y ciberseguridad
“Las amenazas ya no respetan las fronteras internas de los bancos”, explica Iyer. La respuesta será un marco unificado de riesgo de crimen financiero que combine ciberseguridad, prevención de fraude y AML en un solo sistema de análisis y toma de decisiones.
- IA adaptativa en tiempo real. Los modelos de inteligencia artificial analizarán simultáneamente comportamiento de usuario, señales transaccionales y flujos de fondos para detectar anomalías en milisegundos. La prioridad será anticipar incidentes, no solo reaccionar a ellos.
- Reguladores con expectativas más altas. La región podría adoptar marcos similares a PSD2 y autenticación reforzada del cliente. En la práctica, esto aumentaría la responsabilidad de los bancos frente a pérdidas en pagos instantáneos.
- RTP bajo presión. Mientras los pagos instantáneos crecen como alternativa más segura que la tarjeta tradicional, traen consigo nuevos vectores de ataque que exigirán protección avanzada y análisis adaptativo.
Romper los silos: la condición para sobrevivir en 2026
Para Iyer, el desafío principal es organizacional: las instituciones deben pasar de modelos fragmentados a arquitecturas unificadas de inteligencia.
“Solo quienes integren datos desde todos los rincones de la organización —fraude, AML, ciberseguridad— podrán anticiparse a amenazas que se mueven a la misma velocidad que el dinero digital”, sostiene.
Ese enfoque modular, compatible con sistemas existentes y apoyado en IA adaptativa, será fundamental para combatir redes criminales que operan con la misma rapidez y sofisticación que las plataformas digitales que intentan vulnerar.
2026 será, en definitiva, el año en que la detección en milisegundos deje de ser una ventaja y se convierta en un requisito básico. En un entorno donde los pagos, los ataques y las regulaciones evolucionan sin pausa, la resiliencia estará reservada para las instituciones que logren consolidar inteligencia, automatizar decisiones y anticiparse a riesgos emergentes.







