Enrique Perezalonso, CEO y cofundador de Palla, explica cómo las APIs de pagos embebidos eliminan la fricción en remesas y transforman la relación entre la banca tradicional y los proveedores fintech en la región.
Cada año circulan más de 160 mil millones de dólares en remesas hacia América Latina. Detrás de esa cifra hay millones de transacciones que, hasta hace poco, tardaban entre uno y tres días hábiles, cobraban comisiones desproporcionadas en los montos pequeños y terminaban frecuentemente en efectivo. Enrique Perezalonso, CEO y cofundador de Palla, tiene una visión muy precisa del problema y, sobre todo, de la solución técnica que lo resuelve.
“El usuario espera lo mismo que experimenta en su app de mensajería: instantaneidad”, señala Perezalonso. “Eso ha obligado al sistema financiero a replantear su arquitectura desde dentro”.
La respuesta de Palla es una plataforma de pagos embebidos que opera en más de 15 mercados del corredor EE.UU.-LATAM —incluyendo México, Guatemala, Colombia, Perú y Bolivia— y que hoy da acceso a más de 50 millones de usuarios finales a través de instituciones financieras y socios de distribución.
“Para un CIO, la propuesta de valor es muy concreta. Primero, velocidad de salida al mercado: en lugar de construir desde cero toda la infraestructura de pagos internacionales —con sus complejidades regulatorias, de liquidación y de cumplimiento— el banco puede lanzar el servicio en una fracción del tiempo usando una API o una solución white-label ya probada”.
Tres habilitadores que hacen posible el pago en segundos
La propuesta técnica de Palla descansa en tres pilares que Perezalonso articula con precisión:
- El primero es la economía de APIs: interfaces REST que permiten a cualquier institución financiera integrar pagos transfronterizos sin tocar su core bancario, cubriendo autenticación, vinculación de cuentas y liquidación en segundos.
- El segundo es el modelo card-to-card sobre rieles instantáneos como SPEI: al procesar la transacción dentro de los mismos canales que una operación de tarjeta convencional, el dinero no se detiene en intermediarios; llega directamente a la tarjeta de débito del receptor.
- El tercero es el cumplimiento integrado desde el origen: los emisores en Estados Unidos ya pasaron por filtros AML, KYC y OFAC en su banco americano, lo que elimina capas de verificación adicionales sin sacrificar los estándares regulatorios.
La combinación de estos tres elementos no es solo una ventaja de velocidad. Tiene una consecuencia estructural más profunda: el flujo de fondos nunca toca el efectivo. Cada peso o dólar que se mueve queda dentro de entidades financieras supervisadas, con trazabilidad completa en cada paso. Para un sistema que históricamente dependía del efectivo como última milla, ese cambio es sustantivo.
El reto que enfrentan los CIO bancarios al modernizar su infraestructura de pagos tampoco es menor.
Perezalonso identifica tres obstáculos recurrentes: la deuda tecnológica de cores heredados que no pueden apagarse para ser reemplazados, una cultura organizacional entrenada para priorizar estabilidad sobre velocidad de cambio, y los tiempos de aprobación regulatoria que raramente caben en los roadmaps de innovación.
La respuesta de Palla a los dos primeros es el enfoque de “integración por los bordes”: el banco consume las APIs desde su canal digital sin modificar su núcleo, y el proveedor absorbe la responsabilidad regulatoria en los nuevos mercados. Para el CIO, eso se traduce en velocidad de salida al mercado, reducción del riesgo tecnológico y libertad para concentrar la inversión en los productos que realmente diferencian a su institución.
Del modelo de competencia al de infraestructura compartida
Quizás el cambio más significativo que describe Perezalonso no es tecnológico sino relacional. La banca tradicional, que durante años vio a las fintech como competidores que erosionaban su base de clientes, está recalibrando esa perspectiva. “El banco deja de ver a la fintech como una amenaza y empieza a verla como un proveedor de infraestructura especializada”, explica, “similar a como ve a Visa o Mastercard en el ecosistema de tarjetas”.
El resultado práctico es que el banco retiene al cliente dentro de su ecosistema digital, incorpora un servicio de alto valor sin construirlo desde cero, y la fintech accede a millones de usuarios finales que de otra forma serían muy costosos de adquirir individualmente.
Palla ofrece dos modalidades de integración para sostener ese modelo:
- APIs REST para instituciones con capacidad de desarrollo propio, y soluciones white-label alojadas por Palla para socios que quieren lanzar el servicio bajo su propia marca sin invertir en infraestructura.
El modelo económico —sin cuotas de instalación ni de plataforma, con ingresos vía revenue share e interchange— alinea los incentivos desde el inicio y elimina la fricción habitual en las negociaciones B2B entre bancos y proveedores tecnológicos.
En cuanto a la gestión del riesgo, la arquitectura de Palla adopta un modelo de cumplimiento distribuido: la empresa gestiona lo que corresponde en Estados Unidos, mientras cada socio se ocupa del cumplimiento local en el país de destino. Esa división permite operar en mercados muy distintos sin centralizar ni duplicar esfuerzos. La analítica juega también un papel activo: el rastro completo de cada transacción, atribuida a entidades verificadas en ambos extremos, permite construir modelos de comportamiento que identifican patrones anómalos antes de que se conviertan en problemas.
De cara a los próximos cinco años, Perezalonso anticipa tres movimientos en el ecosistema regional:
- Los pagos instantáneos pasarán de ventaja competitiva a requisito mínimo, presionando a todas las instituciones a modernizarse.
- La interoperabilidad regional se profundizará, siguiendo la estela de iniciativas como PIX en Brasil, y emergerán puentes entre sistemas nacionales donde hoy no los hay.
- Y los pagos embebidos se extenderán más allá de las remesas familiares hacia nóminas transfronterizas para trabajadores remotos y pagos B2B para pequeñas empresas con operaciones en el exterior.
El corredor EE.UU.-LATAM seguirá siendo el eje más dinámico, y quienes ya tienen infraestructura real e integraciones con instituciones establecidas llevan una ventaja que no se replica rápidamente.







