Telefónica lidera un consorcio de 70 entidades europeas para desplegar la primera infraestructura federada de telco, edge, cloud e IA a escala continental.
Durante décadas, Europa ha dependido de infraestructuras digitales diseñadas, operadas y controladas fuera de sus fronteras. La concentración de capacidad cloud en manos de proveedores estadounidenses y la ausencia de una red de computación distribuida de escala continental han sido dos de las vulnerabilidades más citadas en los debates sobre autonomía tecnológica europea. El proyecto EURO-3C, presentado el 2 de marzo en el Mobile World Congress de Barcelona, es la respuesta más articulada y ambiciosa que la Unión Europea ha puesto en producción hasta la fecha.
El anuncio tuvo lugar en el stand de Telefónica en el MWC26 con la presencia de Renate Nikolay, directora general adjunta de la Comisión Europea, y Juan Montero, director de Políticas Públicas, Competencia y Regulación de Telefónica. El proyecto cuenta con un presupuesto de 75 millones de euros financiados por el programa Horizonte Europa y reúne a más de 70 entidades: operadores de telecomunicaciones, proveedores cloud, fabricantes, pymes, universidades y centros de investigación distribuidos por todo el continente.
Una arquitectura federada para no depender de un único proveedor
Lo que distingue a EURO-3C de iniciativas anteriores no es el volumen de inversión ni el número de participantes, sino su modelo arquitectónico. El proyecto despliega una infraestructura federada multi-telco y multi-proveedor con más de 70 nodos Edge y Cloud activos en más de 13 países europeos. La federación —entendida como la capacidad de conectar recursos heterogéneos bajo un marco común interoperable— es precisamente lo que el ecosistema digital europeo ha carecido para competir en igualdad de condiciones con los grandes hiperescaladores globales.
La iniciativa se alinea explícitamente con las metas del Programa Político de la Década Digital 2030 de la Unión Europea, que sitúa las infraestructuras digitales seguras y sostenibles como uno de sus ejes estratégicos prioritarios. Entre los sectores que EURO-3C tiene en su foco de aplicación figuran la automoción, el transporte, la energía y la seguridad pública —ámbitos donde la latencia, la privacidad de los datos y la continuidad del servicio no admiten compromisos.
Renate Nikolay lo formuló con precisión durante el evento: el objetivo no es únicamente construir infraestructura, sino “federar los esfuerzos de un amplio número de actores europeos en torno a un objetivo común: un ecosistema de comunicaciones convergente, seguro y soberano, en beneficio de los sectores industriales y de la sociedad en su conjunto”.
De la infraestructura al impacto: nueve casos de uso reales
EURO-3C no es un proyecto de investigación en busca de aplicación futura. Su diseño contempla nueve casos de uso de alto valor empresarial que validarán la aplicabilidad y escalabilidad de la plataforma en condiciones de producción real. Ese énfasis en resultados medibles diferencia a esta iniciativa de otros programas europeos que han quedado en fase piloto sin lograr tracción industrial.
La orquestación habilitada por inteligencia artificial es uno de los componentes centrales del sistema: permite gestionar de forma dinámica la distribución de cargas entre nodos Edge y Cloud, optimizando rendimiento y eficiencia energética en tiempo real. En un entorno donde la IA ya no es una capa de valor añadido sino un componente estructural de la infraestructura digital, esta capacidad es determinante para la competitividad del sistema.
Juan Montero, de Telefónica, subrayó la dimensión política del proyecto: “La Unión Europea ha convertido la soberanía tecnológica y la competitividad industrial en una prioridad. Para lograrlo, no solo se necesitan infraestructuras avanzadas, sino también una estrecha colaboración entre sectores y países. El sector de las telecomunicaciones es un actor clave en este esfuerzo”.
El consorcio incluye nombres como Vodafone, Deutsche Telekom, Orange, Ericsson, Nokia, Capgemini, Thales, Stellantis o Electricité de France, junto a pymes tecnológicas como la española Nearby Computing y centros de investigación de primer nivel como el Fraunhofer, el INRIA o el Instituto Tecnológico de Aeronáutica de Toulouse. La participación de autoridades nacionales —entre ellas el Ministerio del Interior de España, la Policía de los Países Bajos y la Agencia Sueca de Defensa Civil— añade una dimensión de seguridad pública que amplía el alcance de la iniciativa más allá del ámbito empresarial.
Lo que EURO-3C representa, en el fondo, es un cambio de escala en la forma en que Europa aborda su dependencia tecnológica. No mediante regulación reactiva frente a actores externos, sino construyendo la alternativa desde dentro: federada, abierta, interoperable y diseñada para durar más allá de cualquier ciclo político.







