La infraestructura fragmentada por país ya no responde al volumen ni a la velocidad que exigen los flujos transfronterizos en las Américas.
El dinero nunca ha viajado tanto, ni tan rápido. En 2025, América Latina recibió cerca de US$174.400 millones en remesas, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y ese dato es apenas la punta del iceberg. Detrás de esa cifra hay flujos B2B, operaciones de tesorería regional y pagos corporativos que atraviesan jurisdicciones con infraestructuras diseñadas para otro siglo. El resultado es predecible: fricciones, errores, riesgos operativos y costos que erosionan márgenes.
La respuesta que está tomando forma en el sector fintech no es una solución puntual, sino una reingeniería del concepto mismo de corredor financiero. Prometeo, empresa especializada en infraestructura financiera con presencia en 11 países y conexión a más de 1.200 instituciones a través de su API unificada, plantea que el problema central ya no es mover dinero entre países, sino estandarizar las operaciones financieras a escala regional bajo una lógica operativa homogénea.
“El desafío dejó de ser la conexión entre países y pasó a ser la estandarización de las operaciones financieras a nivel regional. Las empresas operan por mercados integrados, y la infraestructura debe responder a esa lógica”, afirma Roberto Gaudelli, director comercial de Prometeo.
Qué es un corredor financiero y por qué importa ahora
Un corredor financiero no es un simple canal de transferencia. Es una arquitectura operativa que conecta bancos, sistemas de pago y cuentas en distintos mercados bajo criterios comunes de velocidad, trazabilidad y validación. En la práctica, permite que una transacción entre Nueva York y Ciudad de México, o entre São Paulo y Lima, funcione con la misma lógica que un pago local.
Las capacidades que sostienen esta arquitectura son concretas: pagos cuenta a cuenta (A2A) que eliminan intermediarios innecesarios, validación de titularidad de cuentas en tiempo real, agregación bancaria multi-institución desde una sola integración, visibilidad inmediata de saldos y movimientos, y orquestación multi-país sin replicar integraciones por mercado.
Este último punto es crítico para los equipos de TI y finanzas corporativas. Escalar operaciones en cinco países sin multiplicar integraciones por cinco es exactamente el tipo de eficiencia que los CIO buscan cuando evalúan infraestructura financiera.
Prometeo ha activado corredores como EE.UU.–México, EE.UU.–Argentina y Brasil–Perú, atendiendo a clientes en sectores como seguros, marketplaces, pasarelas de pago y empresas B2B con operaciones regionales.
La validación de cuentas: el eslabón crítico que pocos priorizan
En esquemas de pagos instantáneos, revertir una transferencia no siempre es posible. Ese contexto convierte la validación previa de cuentas en una capa de confianza indispensable. El fenómeno conocido como account mismatch, es decir, la inconsistencia entre el titular registrado y el receptor real de un pago, es un problema recurrente en flujos cross-border de alto volumen que genera pérdidas, disputas y carga operativa para los equipos de cumplimiento.
Validar en tiempo real la titularidad y vigencia de una cuenta antes de ejecutar un pago no es un lujo técnico: es gestión de riesgo básica en el contexto de pagos instantáneos irreversibles.
Esta lógica es el núcleo de lo que Prometeo denomina Borderless Banking: una arquitectura que unifica pagos, cobranzas, validación y visibilidad financiera en una infraestructura regional única, con el objetivo de que las empresas operen entre Latinoamérica y Estados Unidos como si se tratara de un solo mercado.
“Estamos avanzando hacia una infraestructura financiera sin fronteras, donde los corredores conectan economías y no solo sistemas”, concluye Gaudelli.
Para los CIO y directores de tecnología que gestionan expansión regional, el mensaje es preciso: la fragmentación por país tiene un costo medible. La infraestructura que lo resuelve ya existe.







