Las importaciones alcanzaron USD 70.235 millones hasta noviembre de 2025, con crecimiento del 27% interanual. El régimen de e-commerce se disparó 291,8% mientras el sector automotor duplicó volúmenes, trazando un mapa de oportunidades para el año en curso.
Foto de Julius Silver.
El sector de las importaciones argentinas cerró 2025 atravesando un punto de inflexión estructural. Las cifras revelan más que un aumento cuantitativo: reflejan transformaciones regulatorias, explosión del comercio electrónico transfronterizo y reconfiguración de cadenas de suministro que continuarán definiendo el escenario en 2026.
Las importaciones totalizaron USD 70.235 millones en el acumulado hasta noviembre de 2025, registrando el segundo mayor volumen desde 2022 con un incremento interanual del 27%. Este crecimiento coincidió con la expansión del régimen “puerta a puerta” para e-commerce, que creció 291,8%, y con el sector automotor importador que más que duplicó sus volúmenes respecto al año anterior.
“No se trató simplemente de más importaciones, sino de importaciones diferentes, de diferentes orígenes, y con diferentes propósitos”, explica Gabriel Salomón, director de Jidoka, firma especializada en comercio exterior. Los argentinos destinaron USD 1.500 millones solo en ropa y accesorios importados durante el primer semestre de 2025, evidenciando un cambio en los patrones de consumo hacia productos finales adquiridos directamente en mercados internacionales.
Cuatro vectores de oportunidad para 2026
Jidoka identifica cuatro áreas donde los importadores pueden capitalizar las transformaciones en curso durante el año que recién comienza:
- Diversificación de proveedores: China y México consolidaron posiciones dominantes en 2025, pero la reconfiguración del mapa comercial abre espacio para otros actores. India, Vietnam y Tailandia emergen como alternativas viables ante la necesidad de diversificar riesgos geopolíticos y operacionales. Las empresas que establezcan conexiones tempranas con estos mercados tendrán ventaja competitiva sobre quienes mantengan dependencia concentrada en uno o dos orígenes.
- Especialización en e-commerce transfronterizo: El crecimiento exponencial del régimen puerta a puerta genera demanda de servicios especializados. Importadores que dominen logística de pequeños envíos, cumplimiento normativo para importaciones de bajo valor y posicionamiento en plataformas globales encontrarán nichos de alto crecimiento. La fragmentación de pedidos grandes en múltiples envíos pequeños requiere expertise diferente al de operaciones tradicionales.
- Acceso al mercado estadounidense: La entrada en vigor del acuerdo comercial con Estados Unidos representa una ventana estratégica. Importadores que logren posicionarse como distribuidores de marcas estadounidenses en Argentina capturarán márgenes superiores y acceso preferencial a productos de alto valor agregado. El timing es crítico: las primeras empresas en establecer relaciones con fabricantes estadounidenses tendrán barreras de entrada más bajas.
- Arbitraje geopolítico: La tensión entre China y Estados Unidos crea asimetrías explotables. Cambios en aranceles, políticas comerciales y flujos de inversión generan oportunidades para importadores que anticipen movimientos. La capacidad de pivotar rápidamente entre proveedores según condiciones cambiantes del entorno geopolítico se convertirá en ventaja competitiva diferencial.
El contexto macroeconómico como catalizador
La evolución del comercio exterior argentino en 2026 estará marcada por factores que trascienden las decisiones individuales de los operadores: el avance de proyectos energéticos y mineros de gran escala, la volatilidad de precios internacionales de commodities, y tendencias globales como friendshoring y nearshoring que reconfiguran cadenas productivas mundiales.
“2026 promete ser un año determinante para el sector de importaciones en Argentina. Para los importadores, la clave será la preparación, flexibilidad, y visión estratégica”, advierte Salomón. “Aquellos que logren identificar oportunidades, diversificar riesgos, y adaptarse rápidamente a cambios, estarán posicionados para prosperar en 2026. Aquellos que permanezcan estáticos enfrentarán presión creciente de competidores más ágiles”.
El mensaje es inequívoco: el sector no es espectador pasivo de transformaciones macroeconómicas sino actor capaz de moldear su destino mediante decisiones estratégicas informadas. La diferencia entre capitalizar las oportunidades o quedar relegado dependerá de la velocidad de adaptación y la capacidad de lectura anticipada de tendencias que apenas comienzan a manifestarse.







