Del ataque a PIX en Brasil al apagón de Google: los fallos tecnológicos más costosos que sacudieron la industria global en 2025.
El 2025 pasará a la historia como un año donde la fragilidad de la infraestructura digital quedó expuesta de manera brutal tras una larga lista de desastres de TI. Desde ciberataques que comprometieron sistemas financieros nacionales hasta fallos en servicios cloud que paralizaron millones de empresas, este año demostró que la transformación digital trae consigo riesgos sistémicos de proporciones hasta ahora impensables.
Este análisis recorre los diez incidentes más graves que sacudieron el sector tecnológico global, dejando pérdidas económicas millonarias y exponiendo vulnerabilidades críticas en la arquitectura digital que sostiene la economía mundial.
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Ciberataques que sacudieron instituciones
El ataque más devastador ocurrió en julio contra el sistema de pagos instantáneos PIX de Brasil. Los ciberdelincuentes comprometieron a C&M Software, proveedor que conecta instituciones financieras con el Banco Central brasileño, utilizando credenciales de un empleado corrupto. El resultado: más de 800 millones de reales (148 millones USD) robados y cientos de miles de usuarios sin acceso temporal al sistema. Seis instituciones financieras sufrieron pérdidas directas, incluida BMP con aproximadamente 100 millones de dólares evaporados. La confianza en el sistema bancario brasileño recibió un golpe del que tardará en recuperarse, según reportó El Economista.

En noviembre, el grupo Everest reivindicó un ataque de ransomware contra Petrobras, la petrolera estatal brasileña. Supuestamente exfiltraron más de 90 GB de información sensible, incluyendo coordenadas de instalaciones y reportes técnicos. Aunque Petrobras negó el incidente, múltiples medios reportaron la filtración, que de confirmarse representaría un riesgo para la seguridad energética regional.
México tampoco escapó. La Fiscalía de Guanajuato sufrió una intrusión masiva atribuida al grupo Tekir APT, que comprometió más de 250 GB de datos confidenciales: expedientes judiciales, correos internos y bases de datos sensibles. La filtración expuso investigaciones en curso, puso en riesgo a víctimas y testigos, y paralizó sistemas judiciales y policiales. Este ataque subraya la vulnerabilidad de las instituciones públicas mexicanas ante amenazas cibernéticas sofisticadas.
El colapso de la nube: cuando los gigantes tropiezan
Los servicios cloud, columna vertebral de la economía digital, demostraron ser alarmantemente frágiles. Google protagonizó en junio una de las caídas más extensas del año. Un cambio erróneo en Google Service Control generó un bucle de puntero nulo que colapsó Gmail, Drive, Docs, Maps y Gemini durante más de siete horas en algunas regiones. Millones de usuarios y servicios dependientes como Spotify, Snapchat y Discord quedaron inoperativos. La interrupción reveló el riesgo sistémico de concentrar servicios críticos en un solo proveedor.
Amazon Web Services no quedó atrás. En octubre, la región US-EAST-1 —la más grande de AWS— experimentó una interrupción de tres horas por fallos en la resolución DNS de DynamoDB. Miles de aplicaciones reportaron picos de latencia y errores masivos. La dependencia de un único proveedor volvió a quedar en evidencia, mientras empresas evaluaban urgentemente estrategias multi-cloud.
Microsoft Azure sufrió dos golpes devastadores. En julio, la región este de Estados Unidos quedó sin capacidad por aumento súbito de demanda, impidiendo crear o actualizar máquinas virtuales. En octubre, un cambio de configuración erróneo paralizó Microsoft 365, Xbox y sitios corporativos de Costco y Starbucks durante casi diez horas. Cerca de 20,000 clientes reportaron problemas iniciales. Las pérdidas de productividad y los daños reputacionales obligaron a muchas organizaciones a reconsiderar su arquitectura cloud.
El 18 de noviembre, Cloudflare experimentó un fallo global cuando una actualización rutinaria activó un bug en su módulo de Bot Management. El archivo de configuración resultante colapsó sus servidores, dejando inaccesibles durante dos horas servicios como Spotify, X (ex-Twitter) y ChatGPT. Miles de empresas quedaron expuestas simultáneamente, evidenciando la profunda interdependencia de la infraestructura digital moderna.
Cuando el fuego consume los datos
No todos los desastres fueron digitales. En septiembre, un incendio destruyó el Centro Nacional de Información (NIRS) en Seúl, Corea del Sur. Originado durante el traslado de baterías de litio, el fuego arrasó 858 TB de datos gubernamentales sin respaldo. Más de 160 servicios públicos digitales —declaraciones fiscales, emergencias sanitarias, trámites— quedaron inoperativos, afectando a 125,000 empleados civiles. Casi 80% de los sistemas tardó más de una semana en recuperarse. La ausencia de copias de seguridad apropiadas expuso la fragilidad de infraestructuras consideradas críticas.
El efecto dominó industrial
El ataque contra Jaguar Land Rover en agosto —revelado hasta diciembre— ejemplifica cómo un incidente cibernético puede paralizar cadenas de suministro completas. La sustracción de datos de empleados y la paralización de producción durante más de un mes causaron pérdidas directas superiores a 890 millones USD. Miles de proveedores suspendieron operaciones; el impacto estimado en la economía británica alcanzó £1,900 millones. El gobierno británico intervino con préstamos de emergencia para sostener a contratistas afectados. Un solo ataque puso en riesgo empleos y estabilidad financiera en una red industrial completa.
Amenazas internas
Coupang, gigante del e-commerce surcoreano, cerró el año con una brecha de seguridad causada por un exempleado. La exposición de datos personales de más de 33 millones de clientes globales —nombres, direcciones, correos— desencadenó demandas colectivas en Estados Unidos. Aunque no se reportó pérdida de fondos, millones quedaron vulnerables a suplantación de identidad y fraudes. El caso subraya que las amenazas más peligrosas pueden venir desde dentro: un acceso privilegiado mal gestionado puede comprometer bases globales de clientes.
Lecciones para el futuro
Los incidentes de 2025 revelan patrones inquietantes. La concentración de servicios críticos en pocos proveedores cloud genera riesgos sistémicos. La seguridad de infraestructuras críticas —financieras, energéticas, gubernamentales— continúa siendo inadecuada. Las amenazas internas representan vectores de ataque subestimados. La ausencia de estrategias robustas de respaldo puede convertir incidentes en catástrofes.
Los líderes de TI enfrentan un mensaje inequívoco: la resiliencia no es opcional. La diversificación de proveedores, las auditorías de seguridad rigurosas, la gestión estricta de accesos privilegiados y los planes de continuidad probados regularmente constituyen ahora imperativos de negocio, no aspiraciones técnicas.
El 2025 enseñó que en la era digital, los fallos tecnológicos no son problemas de TI —son crisis empresariales, económicas y sociales que pueden propagarse a velocidades impensables. Las organizaciones que ignoren estas lecciones lo harán bajo su propio riesgo.







